viernes, 11 de mayo de 2018

El peregrino


Todo listo. Lo ponible y los 'porsiacasos'. El maletero del coche está como una tarde de expectación: no cabe un alfiler. Los kilómetros se consumen con la misma facilidad que un hereje come pipas en el tendido. Maldito crashcrash. ¡Y cómo se queda el suelo! Una plaza de toros es un templo. Prefiero el olor a puro de mi orondo vecino de abono. Me gusta porque cada exhalación de humo cárdeno 'pabloromero' tapa otros hedores que procuro concentrarme en no reconocer. 

El viaje tiene algo de peregrinación y apostolado. Ir allí para contarlo. Lo de ser periodista tiene algo de Santo Tomás. Por eso hay que estar allí. Morante ha convertido Jerez en Tierra Santa. En cierto modo ya lo era. Rafael de Paula, los Sordera, Moraíto, Chano, la fuerza de La Paquera... y Lola. De Santiago y San Miguel. 

15.30 h. Salimos de Madrid por la M50. Abarrotá. En los atascos me gusta mirar a la gente que va en los coches e imaginarme lo que van pensando. Ay ese moco. Le pito y le digo que la bolita está perfecta. Un artista de la escultura el tío guarro. El otro va cantando. Me gustaría que de algún coche saliera algún acorde de tonadilla pero más bien se creen estrellas del pop. Yo sigo con mi Manolo Escobar. No saben lo que se pierden.  

En los viajes largos voy fijando metas para hacerlos más amentos. Talavera, Navalmoral de la Mata, Mérida. La Autovía de La Plata. Cuando bajo camino de Monesterio ya me siento un poquito del sur. ¿Qué harían José, Juan, Rafael, Rodolfo, Vicente o Nicanor en aquellos viajes de principios del siglo XX? Esos incómodos coches-cama que llevaban a los toreros de punta a punta de España. Temporadas planificadas por la red del ferrocarril. El recorrido entre San Sebastián y Sevilla decidía donde toreaban entre medias. Había que aprovechar el viaje. O la imagen de toreros aun vestidos en la estación, corriendo porque el tren estaba a punto de partir ¡Menudo mérito!  

Hacemos una parada en el camino. Hay que repostar regalices, que son fundamentales para continuar el viaje. Cuanto menos queda para el acontecimiento, más lentas pasan las horas. La rica Extremadura, tan injustamente olvidada. El serpenteo entre Huelva y Sevilla. Me quedaría. Jerez está a una hora. Y la Feria a dos. Mañana os cuento hasta donde pueda.

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