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miércoles, 4 de abril de 2012

El Montecillo, laboratorio de bravura


En el epicentro de los Montes de Toledo, a un paso de Los Yébenes a un lado y Orgaz al otro, se encuentra la ganadería El Montecillo, el segundo gran proyecto de Paco Media. Una impresionante finca donde pastan los nuevos pupilos de este ganadero que ha vuelto al mundo del toro por la puerta grande, tras vender su anterior ganadería, El Ventorrillo.

Al otro lado del cerro donde crió a los Parladé -Juanpedro- de su anterior etapa, comenzó casi de cero esta nueva aventura, gracias a las 90 vacas y al montante económico con el que se llegó al acuerdo para traspasar la ganadería El Ventorrillo cuando se encontraba en su mejor etapa. Cumplió su objetivo, lidiar en todas las plazas de primera, con un toro adaptado a las exigencias actuales, tanto en trapío como en comportamiento, llegando a ser considerada como la mejor ganadería de España. Pero Paco Media es un hombre de retos, apasionado por el toro y su hábitat, por lo que su paso por la historia del toreo no iba a quedarse ahí.

Poco a poco, en la soledad del campo, fue forjando su segunda ganadería. Como el material ya lo conocía, solo era continuar su anterior trabajo para sacar otro gran producto adelante. El primer gran reto fue el debut en una corrida de toros al nombre de El Montecillo, nada menos que en Madrid. Y no dejó indiferente a nadie, pues se llevó las buenas críticas de prensa y público por lo que esa misma tarde se acordó que repitiera en la temporada 2012.

La corrida, que se sigue cuajando en ese pedazo de finca, es impecable. Muy bajita de manos, pero honda y cuajada. Con cara de tía, mucha más leña que el año pasado. Preciosa, de las que tienen que embestir si o también. A palabras del propio ganadero “Si no embiste, no tengo ni idea de toros”. Verla correr en el campo es una delicia. Acosada por los vaqueros, simplemente les ayudan a recorrer el camino cada día, sin ayudas de perros que les puedan perjudicar. Ahí está el número 8, una fotocopia a Cervato, el de Ventorrillo que se llevó todos los premios el año pasado. De hecho, hay tres hermanos del sardo en esta corrida. Otro 18, que es una de las apuestas del ganadero. Pero sin olvidar el 40 o el 43, dos caprichos. Otros dos son hermanos del que Fandiño cortó una oreja el pasado año, el del chaparrón. Un toro bravo.

Pero la visita no quedó ahí. Después de ver la corrida de Madrid, fuimos partícipes de un tentadero en el que quedó claro el momento que vive la divisa toledana. Dos vacas tentadas por el ecuatoriano Sergio Blanco y otra por una joya que se está forjando, hasta ahí puedo leer. La primera tuvo mala suerte, pues se mató de tanto humillar cuando iba por enésima vez al caballo. Pero iba a ser de bandera, esa humillación unida al galope…

Las dos siguientes fueron simplemente bravas. A más durante la lidia, se entregaron permitiendo disfrutar tanto al torero, como a los futuros periodistas que salimos a probar nuestro valor. Dejándola distancia, acometían prontas y con buen tranco a la muleta, descolgando desde el  cite y sin levantar la cabeza hasta el remate. Una gozada. Además de su duración, pues no se aburrían, ni dejaban esa acometividad. Cierto que cada una tuvo problemas en el pitón contrario. La primera por el izquierdo había que estar muy firme, pues se colaba y la segunda ponía complicaciones con el derecho, pero los toreros con recursos pudieron sobreponerse.

Tras el cocido de rigor en casa de Paco Medina, pudimos disfrutar de una tertulia, que no se alargó más tiempo porque teníamos el viaje de vuelta. Pero quedó claro su ambición y ganas de poner a El Montecillo en el lugar que nunca debió abandonar su anterior ganadería. “Trabajo para estar en las plazas grandes, en las de primera (…), es ahí cuando la ganadería no te cuesta.”  Es tal su pasión por el toro bravo que “puede faltar de comer a mi o a mi familia, pero nunca a mis toros.”

Un auténtico apasionado del toro, Paco Medina sigue con la ambición del que no tiene nada. Del chaval que comienza, del que quiere llegar a la cima. Con todo resuelto, decidió volver a un camino tan duro como es el de ganadero de bravo. El tiempo le dará la razón, el 16 de mayo en Las Ventas.