jueves, 9 de noviembre de 2017

La faena de Armillita en Las Ventas de la que todos hablan

Madrid aguardaba un 24 de octubre de 1992 expectante. Julio Robles ya se encontraba postrado en una maldita silla de ruedas. El toreo y la afición se volcaron por uno de los mejores toreros de la historia. Dolía Robles como duele Armillita.

Doblaban campanas aquel sábado por el poeta Luis Rosales. Con él voló la Generación del 36. Entre Lorca y Miguel Hernández, sonata de una guerra. 'Aromas de otra época', como tituló Vicente Zabala en ABC. 'La faena de la temporada madrileña'

Se anunció Palomo Linares, Curro Vázquez, José Mari Manzanares, Ortega Cano, Paco Ojeda -en su lugar toreó El Soro-, Espartaco, Joselito y Javier Conde pero al que aún recuerdan los aficionados que lo vieron fue a Miguel Espinosa 'Armillita'.

Merece la pena recordar la crónica del genial Zabala:

'Armillita  Chico  vino  desde  México, donde es la máxima figura,  para demostrar, por fin, los motivos por los que manda en la  fiesta del país hermano. Miguel llevó a cabo la más hermosa faena de la temporada madrileña. Es difícil torear mejor. Ejecuta las suertes con naturalidad con ejemplar sentido de las distancias y un temple propio de los elegidos.

Torero de escuela, de muy buena escuela, torero por tradición y por vocación, artista genial e inspiradísimo, carente de afectación, con toda la técnica heredada del maestro Fermín, llamado por la afición española en su tiempo el 'Joselito mexicano', y una cadencia de 'faraón' azteca como aquella que hizo enloquecer con su lentitud a la afición de la nación hermana, que nacía de las muñecas del maestro de Texcoco, Silverio Pérez.

Los diez minutos que Miguel estuvo con la muleta delante del toro resultaron un deleite, para los que de verdad sienten y comprenden el arte de torear. Nada de afectación. Las suertes surgíande una manera fluída, armoniosa, increíblemente lentas, con unos modos y unas formas que dábamos por olvidados. ¡Qué pena no poder presenciar esta faena en San Isidro y con un toro de San Isidro...! Pero torear así es difícil hasta de salón. Durante muchos años se hablará de la maravillosa obra de Armillita. Estoy seguro de que el maestro Fermín ya le había tocado las palmas a la hora de haber decidido cruzar el charco para tan altruísta fin. Después de habrá sentido orgulloso de haber visto como el público español se levantaba de los asientos al remate de cada serie y los olés brotaban de las gargantas en catarata. Casi medio siglo después, Dios Mio'.



Mi fe sin sueños de amante.
Cuando abril se torne oscuero
será la arena en el muro
de la sonrisa distante.
¡Dadme el milagro constante
de su visión!
Solo voy
del solo sueño que soy
al soñar que hizo la nada
solo presencia mirada:
dial al tránsito aquí estoy.

A Federico García Lorca.
Abril. 1935.


lunes, 6 de noviembre de 2017

jueves, 26 de octubre de 2017

El Juli, un 2017 redondo

jueves, 19 de octubre de 2017

¿Quiénes son?

Con una foto tienes que adivinar quiénes son los siguientes toreros. ¿Conseguirás adivinarlos todos? ¡Aquí tienes un reto!

miércoles, 11 de octubre de 2017

El orgullo de la libertad

Miguel Ángel Perera. Fotografías: Julián López
Quiso que fuese en Madrid, el puerto más escarpado de la temporada, el broche final de un año excepcional. Seguro de sí mismo, con la firmeza de plantas que le ha caracterizado siempre pero en ese momento en que al bueno lo haces mejor y al malo seguro que le encuentras alguna cualidad. ¡Qué momento! Miguel Ángel Perera cuajó la tarde que siempre soñó en Las Ventas. El mismo Madrid que ya le vio cruzar la puerta más grande en cinco ocasiones (porque la de su presentación como novillero también cuenta), vibró con el toreo en libertad de Perera. La libertad que brota de las lágrimas de Fernando Cepeda que volvió a acompañarle en el callejón. El orgullo de un torero que volvió a sentir después de la incertidumbre de una cornada que lo partió por la mitad. La libertad y el orgullo por una bandera que nos une en un momento tan crítico. El valor para defender lo nuestro y para reunirse con el toro, de sentirlo pasando por los muslos despacio, dejándole elegir carne o muleta. Uno, dos, tres… puedes contar hasta veinte desde que lo embarca hasta que lo suelta allá donde vuelve a recogerlo. Muleta, muleta, muleta. Todo por abajo. ¡Cuanta exigencia!

Así pudo cortar dos orejas del primero de la tarde, en una de las faenas más rotundas de su vida en Madrid. No le hizo falta acudir al tremendismo. Todo fue suavidad, distancia, temple y mano baja como látigo y verdugo para los toros. Tienen que ser bravos para aguantar la exigencia de Perera. La corrida del Puerto de San Lorenzo fue desigual en tipo y en juego. Mansa en los primeros tercios, apenas se dejaron torear con el capote excepto el primero que empezó a cantar su excelente condición en banderillas. Después se vinieron arriba el cuarto y el sexto -con el que López Simón estuvo a punto de cortar un trofeo después de torear con buen aire sobre la mano derecha-, además de la calidad con que contaba el tercero pero blandeó en el caballo y se fue para atrás. Juan del Álamo contó, precisamente, con los dos que no se han nombrado porque fueron los de peor juego del encierro, uno por peligroso y otro por deslucido.

Muy reunido de hechuras, de manos cortas, apretado y reunido. Apenas se notaban los casi 600 kilos que mostró la tablilla antes de la dormida salida de ‘Caracorta’. Muy suelto de salida e incluso buscando los pechos del caballo, el del Puerto mostró su temple y recorrido en el quite por chicuelinas de Juan del Álamo y la exigente respuesta de Perera por chicuelinas y tafalleras que terminaron de fijarlo. En el capote de Javier Ambel se movió con un tranco exquisito y los dos pares de Curro Javier con el vaivén templado de ‘Caracorta’, de cartel. Perera brindó a Madrid. Una primera tanda para hacerlo y rápidamente la faena tornó en grande. Toreo por abajo, embebido en los engaños, de mucha exigencia. La firmeza de Perera, con el toro enganchando delante y llevándolo hasta más allá de la cintura, obligó al toro que se abría más cuanto más cerca veía las tablas pero siempre lo llevó cosido a los engaños. El cénit llegó en una tanda sobre la mano izquierda vaciando los muletazos por debajo de la pala del pitón y reduciendo la velocidad de cada embestida. Perera estaba roto y entregado. Un circular perfecto de esos que nunca terminan. Incluso fue prendido, sin consecuencias. Asomaba ya faena de dos orejas pero la espada quedó suelta y tuvo que usar el descabello. Aún así paseó una oreja.
Miguel Ángel Perera y Fernando Cepeda


Más largo fue el quinto pero algo escurrido. Se dejó pegar en el caballo que no mostró codicia en los primeros tercios. Estuvo decidido Perera para recibirlo en los medios con varios pases cambiados ajustadísimos. No le importó la incierta embestida para plantarse firme y tragar ‘quina’. Siempre con la muleta en el hocico, Miguel Ángel lo exprimió desde la primera tanda, por abajo, con máxima exigencia. En la segunda le dio distancia, de punta a punta del ruedo. El animal respondió y la faena creció en intensidad. La clave estuvo en alargar el medio viaje que llevaba a partir del tercer muletazo. Porque Perera está en un momento de explotar las virtudes y no mostrar los defectos de sus toros. Ahora un tiempo de respiro. Un farol sobre la derecha sirvió para comenzar otra tanda pero el toro ya pensaba más en rajarse. Pinchó antes de dejar una gran estocada. El público se entregó después de ver al mejor Perera en Madrid. La oreja le sirve para cruzar por quinta vez como matador de toros la Puerta Grande de Las Ventas.

El inicio por doblones de López Simón fue la mejor manera de fijar la descompuesta condición del sexto. El más bastote del encierro salió muy suelto en los primeros tercios, poniéndose muy complicado en banderillas. No le importó al madrileño que estuvo muy inteligente para encontrarle la medida con la que el toro fue a más. Cuanta más limpieza hubo, mejores fueron los muletazos. Nada fue accesorio, todo fue toreo. Con la última tanda sobre la mano derecha tenía cortada la oreja pero una estocada que hizo guardia le dejó sin premio.

El presidente lo vio muy claro para devolver al tercero por blando. En su lugar salió un sobrero extremadamente serio de Santiago Domecq tanto por su expresión, enmorrillado, estrecho de sienes pero con mucha presencia por delante, como por su edad, cinqueño pasado. En el capote se dejó pero en la muleta rápidamente demostró seriedad, también, en su comportamiento. Protestó en la corta distancia un toro para estar muy firme. López Simón lo intentó en la media y en las cercanías, pero sin eco arriba porque no transmitió el peligro que podía tener.

Miguel Ángel Perera. Fotografías: Julián López


El segundo salió suelto en el capote de Juan del Álamo. Más alto de cruz y serio por delante, fue protestado por una posible lesión en las manos de la que se olvidó en el último tercio. Porque ahí fue cuando sacó su verdadera condición de peligro, reponiendo y buscando las piernas del valiente y decidido torero salmantino. No terminó de llegar al tendido los verdaderos problemas de este complicado segundo. El quinto era muy cuajado. Serio en su aspecto. No fue un toro fácil. Del Álamo esta vez no tuvo suerte con el lote que le tocó y solo pudo estar con entereza y firmeza. Tuvo movilidad pero iba con todo, lo que deslucía el viaje. Volverá.

Plaza de toros de Las Ventas. Sexta de la Feria de Otoño. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Puerto de San Lorenzo, humillación y respondiendo a la exigencia, el primero; con peligro, el segundo; de buena condición aunque queriéndose ir el cuarto; deslucido el quinto; y a más el sexto; y uno de Santiago Domecq, 3º bis, muy serio de trapío y juego.

Miguel Ángel Perera, oreja tras aviso y oreja;
Juan del Álamo, silencio y silencio tras aviso;
López Simón, silencio tras aviso y ovación tras aviso.

Saludaron tras parear al segundo Curro Javier y Guillermo Barbero.

Publicada en Mundotoro el 30/09/2017.

La sonrisa del tieso

Román. Fotografía: Julián López/Mundotoro
La sonrisa puede ser pícara, sincera, jocosa, burlona (si la acompañas después con la punta de la lengua). Incluso hay una sonrisa triste, de complicidad o de compasión. También está la sonrisa del tieso. La del desparpajo de a quien nada teme. Román sonríe delante de la cara del toro con la misma entrega con que está en la plaza. Y gracias a esa entrega le sirven los toros, porque nunca se quita. La emoción del ‘uy’ se contrapone con su mirada joven y despierta que acompaña a sus palabras, rápidas que piensan más rápido de lo que va la boca. A Román le faltó solo un segundo, el que da la tranquilidad, para volver a cruzar en hombros la Puerta Grande de Madrid.

Ese segundo para asegurar, respirar hondo, montar la espada y atacar. Esta vez se fue abajo y el metisaca afeó una conquista que había tenido en el ruedo una historia de emoción y verdad. Román sabe que necesita un aldabonazo cada tarde para que no le den de lado. El valenciano sorteó el mejor lote -el tercero por su transmisión y el sexto por su humillación- dentro de un encierro de Fuente Ymbro que tuvo a dos mansos, un pregonado y otro deslucido sin más, que cayeron en manos de Morenito de Aranda, uno que se desplazó con buen son, el segundo, y otro manso que por dentro repetía aunque siempre con las intenciones puestas en las tablas, el quinto, que fueron para un Joselito Adame exigido en tono mayor por el tendido y que fue capaz de sobreponerse hasta el punto de rozar el premio a la primera de cambio.

No dudó Román en echarse en capote a la espalda para recibir al tercero. Con la complicación de ajustarse con el toro en sus inciertas primeras embestidas. Muy ceñido. Morenito vio como daba con sus huesos en el albero cuando el toro se vino por dentro en un quite por verónicas. La última y la media cuando comprobó que solo -nada menos- llevaba la paliza fueron de cartel. En el segundo tercio arreó pero siempre colocando bien la cara sobre todo por el derecho. Román brindó al público antes de doblarse con él rodilla en tierra. El toro se desplazaba con buen aire y con una chispa que daba transmisión. Desde la primera tanda le dio distancia a lo que el toro respondió con una embestida vibrante. Román no se movió para ligar la tanda que remató con un larguísimo cambio de mano. Más emoción llegó con un volteretón porque este era encastado y pedía fibra. Después fue mejor cuando no tocó los engaños. La última tanda lo apretó por abajo y las bernadinas finales cambiando el viaje con el último halo de aliento metieron a la gente. Lo dio todo en la estocada y salió con la banda de la taleguilla rota además de un carrerón de punta a punta de la plaza. Oreja.

Román. Fotografía: Julián López/Mundotoro


El castaño sexto fue por grande el hermano mayor de la tarde. Alto de cruz y bien armado, tuvo alzada. Pedro Iturralde lo fijó con dos puyazos delanteros extraordinarios. Se desplazó por abajo el de Fuente Ymbro en banderillas y así lo quiso todo en la muleta. Román se puso directamente sobre la izquierda para, después, darle distancia y lucirlo. Tuvo verdad y sinceridad. La de un torero que sabe lo que es salir en hombros por la calle de Alcalá pero que necesita de un aldabonazo diario para seguir en la lucha. Y como fue que si no llega a ser por la espada hubiese salido en hombros. Por momentos hubo reposo, en otros faltó por la propia necesidad. La última tanda volvió a poner a todos de acuerdo. Con la oreja en la mano, un metisaca antes de la estocada y el posterior descabello dejó el premio en una ovación de despedida y la promesa y el crédito para volver.

El segundo abría la cara y enseñaba las puntas como alfileres. En los primeros capotazos mostró su querencia, siempre mirando para las tablas pero Joselito lo esperó en los medios para recibirlo con gusto a la verónica. En banderillas siempre se desentendió de la lidia sin ganas por tomar el capote por derecho. Adame brindó a México. Y por México estuvo en todo momento con buen criterio y supo fijarlo al sacarlo con tres muletazos muy suaves y a su altura. Rápidamente se puso a torear más allá de la segunda raya. El de Fuente Ymbro se desplazó pero siempre con la mirada fija en su querencia natural. Ahí estuvo listo el mexicano que le tapó la salida. Hubo relajo y naturalidad en muletazos de extraordinario aire. Hubo firmeza al natural y dos cambios de mano de cartel. El cierre rodilla en tierra mereció mayor premio. El presidente y parte del público se agarraron a que la espada quedó un punto baja para no concederle una oreja para reconocer una labor que lo mereció.

De mucho volumen, el colorado quinto siempre quiso irse al refugio de las tablas. Echó la cara arriba de forma descarada en el caballo y arreó, sobre todo por dentro, en dos buenos pares de Miguel Martín y Fernando Sánchez. Con la franela le dio distancia pero rápidamente Adame supo que lo que iba a ser tendría que ser por dentro de la primera raya. Donde él quisiera. Le puso la muleta y el toro arreó sin más valor que el de querer arrollar. Mérito del mexicano.
Román. Fotografía: Julián López/Mundotoro.

Cuajado, astifino, con cuello y largo de viga. Morenito recibió al primero con todo a favor del animal, sacándolo a los medios en una buena lidia. En el caballo se empleó sobre las manos y ya demostró en su salida de najas que no iba a ser fácil. Así fue desde el primer muletazo cuando el de Aranda se puso directamente sobre la mano izquierda y el animal solo veía presa fácil. Muy reservón. Morenito lo lidió sobre las piernas escapándose de varias cambayás con malas ideas.

No tuvo lote Morenito en su paso por Otoño. El cuarto fue más alto, con más cuello y no quiso pelea de salida. Del caballo de turno se fue al de guardia sin querer apenas sentir el hierro. En la muleta del burgalés no quiso tomar con gracia ni medio viaje. Con este lo mejor que puedes es estar digno con la espada, como así lo estuvo.

Plaza de toros de Las Ventas. Cuarta de la Feria de Otoño. Alrededor de media plaza. Toros de Fuente Ymbro, de variadas hechuras, cuajados y serios. Reservón el primero; se desplazó con buen son el segundo; con transmisión el tercero; deslucido el cuarto; manso y aquerenciado aunque repetidor el quinto; y de gran humillación el sexto.

Morenito de Aranda, silencio y palmas
Joselito Adame, vuelta tras petición y silencio
Román, oreja tras aviso y ovación de despedida tras aviso

Saludaron en banderillas Miguel Martín y Fernando Sánchez

Publicado en Mundotoro el 28/09/2017

Los que se van ceden el testigo al que se queda

Jesús Enrique Colombo. Fotografía: Julián López/Mundotoro
A punto para la alternativa, Jesús Enrique Colombo y Leo Valadez no quisieron perder la oportunidad de despedirse de Las Ventas. A pesar de jugarse el propio doctorado con dos actuaciones de las de levantarse los pies del ruedo, los novilleros quisieron demostrar por qué abandonan el escalafón menor con vitola de punteros. Se lo explicaron con hechos a Carlos Ochoa, candidato a ocupar su lugar el próximo año y que se presentaba en Madrid a pesar de que ya sabe lo que se ve cuando cruzas en hombros camino de la calle de Alcalá en la final del Camino de 2015.

El Pilar pondrá al venezolano y al mexicano en una prueba de fuego. En el salto definitivo del que tan solo los elegidos son capaces de competir con los de arriba. Por el momento, la tercera de la Feria de Otoño mostró a dos toreros muy hechos que se impusieron a las dificultades que entramaron sus respectivos lotes de una novillada muy desigual de El Ventorrillo en el que los de calidad carecieron de motor y los que no se entregaron fueron más complicados. Ochoa, con dos novillos muy a menos demostró un concepto de trazo largo y profundo que le deja las puertas abiertas para volver.

Bien hecho, reunido de cara, hondo y con cuello fue el primero de El Ventorrillo que salió con muchos pies. Colombo lo paró sacándolo a los medios con un rápido juego de brazos. Apretó sobre las manos también en el primer puyazo pero ya a la salida del peto mostró su buena condición. En banderillas mostró su superioridad con tres pares, extraordinario el segundo por dentro, con tremenda facilidad y destreza. A la muleta llegó el utrero con calidad pero muy suave. Quizá demasiado para lo que exige Madrid a los animales. Así, el venezolano mostró un toreo relajado, templado y de mucho fondo. Ligó cuando el toro lo permitió, dejó la muleta más retrasada para ayudarlo después. El espadazo por sí mismo fue de premio pero Madrid lo midió como máxima figura.

Serio, tanto por sus hechuras como por sus pitones, fue el cuarto. Colombo lo recibió por caleserinas, con facilidad. No tuvo celo en el capote, siempre con la cara alta y desentendiéndose de todo cuanto sucedía a su alrededor. Tuvo importancia el segundo tercio con sumo poder. El segundo par al quiebro y el último como novillero en la capital de dentro afuera fueron de bandera. Brindó a Madrid y se echó de rodillas. No era el novillo ideal pero este gallo tiene mucha raza. Tanto fue así que el novillo se revolvió y lo zarandeó como para dejarlo sin alternativa. Colombo también tiene una máquina en la cabeza que comenzó a probar todas las maneras posibles para sacar lucimiento a este novillo que jamás de entregó: en los medios, más en el tercio, cerca del siete, muleta retrasada, perdiendole primero y ganándole la acción después… Todo fue mérito del venezolano que no se dejó nada. El cierre por bernadinas fue como si estuviera a punto de cortar las dos orejas. Riesgo, pundonor y raza. Otro ‘sopapo’ marca de la casa fue su rúbrica.


Carlos Ochoa. Fotografía: Julián López/Mundotoro


El segundo se abrió de salida con buen aire lo que ayudó a Leo Valadez a torear muy encajado con el capote a la verónica. Más alto, enseñando las puntas, aunque bien hecho, tuvo buenas condiciones en los primeros tercios. En el quite por saltilleras de Ochoa mostró un pitón izquierdo de lío. Ese buen tranco lo mantuvo en banderillas pero fue en la apertura de muleta cuando el utrero hincó los pitones y giró sobre sí mismo dejando una voltereta que sería consecuencia fatal para su condición. Como si se hubiera lesionado del tranco delantero, no volvió a ser el mismo. Valadez lo mostró pero no hubo opción para el lucimiento.

El quinto estuvo hecho un punto cuesta arriba, y mayor del tren superior que del inferior. Ochoa entró en su turno de quites por caleserinas a lo que Valadez contestó por zapopinas de perfecta ejecución. Siempre soltando la cara y rebrincado se fue y se vino en la muleta del mexicano pero ahí estuvo su firmeza y seriedad para imponerse a la agresividad del final de cada muletazo. Tuvo genio en el fondo este complicado utrero sobre ambos pitones. El cierre a dos manos tuvo sabor. Lástima que el toro se cruzó y quedó una estocada fea.

Más hecho cuesta arriba, badanudo y con poco cuello fue el casi burraco tercero. Carlos Ochoa hizo su presentación en Las Ventas con una larga cambiada y ya desde los primeros compases el utrero mostró su falta de empuje. Sin obligarlo pasó el tercio de banderillas. El madrileño no perdió el tiempo y tras colocarlo en dos muletazos se puso a torear. Ochoa toreó con profundidad, con limpieza y con muy asentado. Las pocas virtudes deslucieron lo bueno que intentó hacer el joven novillero que ya al final con el toro entregado lo toreó en la corta distancia. Con el novillo sin ayudar nada, se volcó para enterrar la espada y dejar al toro sin puntilla.

Leo Valadez. Fotografía: Julián López/Mundotoro


El novillo que cerró la tarde tuvo seriedad por delante, bajo de manos y de buenas hechuras. Además tuvo recorrido y humillación en los primeros tercios, sobre todo en un buen tercio de banderillas. Esa forma de deslizarse en el capote hizo despertar al tendido con un Ochoa decidido brindando al público y toreando desde los mismos medios del coso madrileño. Estuvo poderoso el novillero en esa primera tanda y el novillo nunca volvió a ser el mismo. Pudo resarcirse al natural donde volvió encajar lo riñones y alargar los muletazos. Fue ahí cuando llegó la voltereta, condición sine quanon del novillero. Ochoa lo es y así lo transmite. Dejó media estocada y con un descabello terminó con un ilusionante debut en Las Ventas.

Plaza de toros de Las Ventas. Tercera de la Feria de Otoño. Casi tres cuartos de entrada. Novillos de El Ventorrillo, bien presentados y de buenas hechuras. Con calidad aunque flojo el primero; con buen tranco hasta la voltereta el segundo; muy a menos el tercero; sin entrega ni clase el cuarto; rebrincado el quinto; y a menos el sexto.

Jesús Enrique Colombo, palmas y ovación tras aviso;
Leo Valadez, silencio y silencio tras aviso;
Carlos Ochoa, palmas y ovación.

Publicado en Mundotoro el 27/09/2017.