martes, 7 de mayo de 2019

El toreo que viene


Amanece una mañana perfecta en el corazón del Valle del Tiétar. Pica el sol tardío de mayo después de semanas en las que el agua fue como oro para un campo que ya pedía auxilio. Partimos desde Sotillo de la Adrada, lugar del toro con mayúsculas que navega sin rumbo fijo fruto de la desidia, camino de El Real de San Vicente donde Álvaro Lorenzo continuará con su preparación antes de las tardes clave de Sevilla y Madrid. El viaje tiene el encanto de las cosas pequeñas. La carretera comarcal se va estrechando según nos vamos acercando al límite provincial con Castilla La Mancha. Parece mentira que los pocos kilómetros que separan en este punto Madrid, Ávila y Toledo cambien tanto las infraestructuras. ·La España de las Autonomías” es así(n).

Higuera de las Dueñas, con una coqueta plaza de piedra por cierto, y Fresnedilla, donde tiene un gran grupo de seguidores Octavio Chacón que promueve su propio alcalde, son camino de paso en esta ruta que se adentra buscando la sierra de San Vicente. Su escarpada orografía la hace propicia para cotos de caza, para ganado extensivo y, de siempre, ganado de lidia que suministraba de reses a toda la comarca. En el recuerdo de todos, divisas como la de don Evelio Ramos que era habitual en los carteles de hace décadas. 

Unas curvas antes de llegar al cruce del Almendral de la Cañada, llegamos a Piedraescrita. La ilusión de Daniel Alcázar por crear un toro serio pero con calidad -puro origen Cuvillo-, lo demuestran las novilladas bien presentadas a las que cada año los jóvenes novilleros que se anuncian en San Román de los Montes, El Real de San Vicente o Castillo de Bayuela, son capaces de cortar las orejas a pesar de tener delante a un eral cuajado. A la cita puntual acuden Álvaro Lorenzo y un ilusionado Fernando Lozano. 

En el tentadero aguardan tres eralas bien comidas y otras tres vacas viejas de retienta. La preparación de Lorenzo es muy exigente y eso se nota también en el campo. En Valencia y Arles ya han visto a un torero con ambición. Lo del buen momento puede sonar a tópico, pero cuando uno tiene la mente preparada y está centrado en el toreo, este fluye de forma natural. Después hablamos de si siente que el público conoce a los toreros jóvenes, de su generación, de la exigencia de la preparación… y de Sevilla.

domingo, 13 de mayo de 2018

La independencia de El Cuervo

El día amaneció cubierto. Las nubes no amenazaban lluvia. Lo peligroso era el viento. Miro por la ventana de la habitación. Estamos en El Cuervo, independiente desde 1992. Sí, independiente. Aquí no hay lazos amarillos pero el trabajo duro de los vecinos consiguieron que la pedanía dependiente de Lebrija, lograra su propio ayuntamiento.

Un buchito de agua para entonar el cuerpo. La Feria bien. Gracias. Como pasa cuando estamos a gusto, hicimos lo pronto tarde. Muchos factores convierten a una ciudad en especial pero una de ellas es patrimonio inmaterial, su gente. Y en Jerez la gente es parte decisiva. Te acogen como uno más. De la caseta La Ventana a El Trasiego. ‘¿Va bien el Comando Madrid? Vamos que nos vamos’.

¿Qué sería de nuestra vida sin los toros y sin todo lo que le rodea? El día empieza a abrirse pero el viento no deja de insistir. Eolo también quiere estar en la reaparición de Morante. Hace fresco. Llegamos a Jerez. Comer en la Feria y a la plaza. Impoluta. Hace no tanto, que los desconchones y las pintadas era la imagen de una plaza de toros histórica.

Tiene sabor. Brilla el sol y las bandeas hondean. Los colores se multiplican. Un jaco avía el ruedo a la antigua usanza. No se escapa ni un detalle. En la puerta del Patio de Cuadrillas, la gente se agolpa a la espera de ver a sus ídolos. Hay ilusión por ir a los toros.

Son las 00.32 horas. Aún tengo que ordenar recuerdos. La segunda para llega mañana, en Valladolid. 656 km. Morante torea con Manzanares y Talavante. Un día con mucho por descubrir. La vida es una gran tarde de toros.

viernes, 11 de mayo de 2018

El peregrino


Todo listo. Lo ponible y los 'porsiacasos'. El maletero del coche está como una tarde de expectación: no cabe un alfiler. Los kilómetros se consumen con la misma facilidad que un hereje come pipas en el tendido. Maldito crashcrash. ¡Y cómo se queda el suelo! Una plaza de toros es un templo. Prefiero el olor a puro de mi orondo vecino de abono. Me gusta porque cada exhalación de humo cárdeno 'pabloromero' tapa otros hedores que procuro concentrarme en no reconocer. 

El viaje tiene algo de peregrinación y apostolado. Ir allí para contarlo. Lo de ser periodista tiene algo de Santo Tomás. Por eso hay que estar allí. Morante ha convertido Jerez en Tierra Santa. En cierto modo ya lo era. Rafael de Paula, los Sordera, Moraíto, Chano, la fuerza de La Paquera... y Lola. De Santiago y San Miguel. 

15.30 h. Salimos de Madrid por la M50. Abarrotá. En los atascos me gusta mirar a la gente que va en los coches e imaginarme lo que van pensando. Ay ese moco. Le pito y le digo que la bolita está perfecta. Un artista de la escultura el tío guarro. El otro va cantando. Me gustaría que de algún coche saliera algún acorde de tonadilla pero más bien se creen estrellas del pop. Yo sigo con mi Manolo Escobar. No saben lo que se pierden.  

En los viajes largos voy fijando metas para hacerlos más amentos. Talavera, Navalmoral de la Mata, Mérida. La Autovía de La Plata. Cuando bajo camino de Monesterio ya me siento un poquito del sur. ¿Qué harían José, Juan, Rafael, Rodolfo, Vicente o Nicanor en aquellos viajes de principios del siglo XX? Esos incómodos coches-cama que llevaban a los toreros de punta a punta de España. Temporadas planificadas por la red del ferrocarril. El recorrido entre San Sebastián y Sevilla decidía donde toreaban entre medias. Había que aprovechar el viaje. O la imagen de toreros aun vestidos en la estación, corriendo porque el tren estaba a punto de partir ¡Menudo mérito!  

Hacemos una parada en el camino. Hay que repostar regalices, que son fundamentales para continuar el viaje. Cuanto menos queda para el acontecimiento, más lentas pasan las horas. La rica Extremadura, tan injustamente olvidada. El serpenteo entre Huelva y Sevilla. Me quedaría. Jerez está a una hora. Y la Feria a dos. Mañana os cuento hasta donde pueda.

miércoles, 31 de enero de 2018

El amanecer del encierro


El silencio reina en el campo. El albor de una fría mañana aun despereza al pinar y a todas sus criaturas que descansan en su íntima soledad hasta el primer rayo de sol. En el campo siempre amanece antes. Hay más verdad. Más trabajo. Más sudor. Más calor y más frío.

 El río Cega pasa bravo cerca de los corrales donde los toros aguardan en una tensa calma como prediciendo que están a punto de llegar las ocho de la mañana. Puntualidad segoviana. Fuera, el pueblo. Caballos, jinetes y valientes. Las sopas de ajo y un trago entonan el cuerpo a la vez que lo calientan. El miedo se confunde con el frío. La titiritera, con las piernas flojas. Hay peligro, tensión, adrenalina por las nubes... pero vence el amor por una tradición que aparece en antiquísimos documentos ya por 1215.

La suelta marca el comienzo de un nuevo encierro. El más antiguo de España. Cuellaranos, con el pañuelo al cuello, quieren verlo tan de cerca que asusta. Los toros, arropados por una parada de bueyes, salen a una velocidad endiablada camino del pinar. El instinto del toro es el de huir. Ahí comienza el arduo trabajo de decenas de caballistas. El encierro en el campo guarda una belleza singular. La naturaleza en todo su esplendor. El polvo que se levanta del trote de los animales guarda algo de misterioso y mágico. Un silencio reverencial que demuestra el respeto por el toro. Ni un 'clin' de 'güasap' a destiempo. Al carajo con la vida tal y como la entendemos.


El tradicional Baile de Rueda antes del encierro I MUNDOTORO

 Mientras, Cuéllar pueblo despierta. La banda sonora del desayuno es Radio Cuéllar Cadena Ser. 'De momento han pasado tres', '¡Están todos!', '¡Vamos! ¡Que hoy vienen arreando!', 'Uno se ha quedado', sustituye a los buenos días. Todos llevan el 'pinganillo' en la oreja. Hay emoción por ver llegar el encierro a la villa. Y quieren que lleguen los seis. La primera cita es en La Resina donde la dulzaina, el tamboril y el aguardiente acompañan el comienzo del Baile de Rueda que recorre todo el encierro. Alegría es sinónimo de fiesta.

 El pueblo es fiesta pero el campo mantiene la tensión y el riesgo. Los caballistas se juegan la vida para llevar el encierro camino del embudo. La inmensidad del Pinar. Del paso de Las Máquinas al túnel de la autovía. Un descanso para que los animales repongan. Y los caballistas también. Esfuerzo y sacrificio. El 'skyline' -como dirían los modernos- de Cuéllar ya asoma en el horizonte. Sus torres mudéjares, reflejo del paso de las tres culturas. Su castillo, otrora reflejo de su esplendor. El embudo. Tan mítico como peligroso. Tan bonito como agreste. Punto de entrada a la urbe. Las colinas se abrigan de gente para ver el paso de la manada al galope. Primero, el silencio y la expectación. Todos a una. Los caballos comienzan al trote. Las garrochas en lo alto. Más rápido todavía. Si la manada va agrupada es que ha habido suerte, sino... habrá que sudar quina.


El encierro de Cuéllar, en la subida de Las Parras I MUNDOTORO

 El espectáculo es sin igual. Una belleza cincelada por un ser superior. Ya se ven las talanqueras. Los corredores se santiguan. '¡Que ya vienen!', dice el más avispado. Más allá de Las Parras, en Los Paseos, se diluye el Baile de Rueda. Mujeres y jóvenes ya se guardan para ver el paso de los toros después de bailar la jota, correr como si viniese el encierro y asustar a más de uno. Ahora sí, llegan de verdad. La Resina recibe a los toros. La calle se estrecha en Las Aldabas. El Kiko's que en Toros solo cierra por el paso del encierro. Los corredores, delante; los pastores, escoltando el viaje. La subida de Las Parras es una delicia. Cúellar, con sus vaivenes. Judía y mora. Cristiana de la Virgen del Rosario y San Miguel.

 El encierro ya encara el tramo final. La avenida de los Toreros llega hasta su plaza. Dentro, llena hasta la bandera. Las charangas se confunden con los aplausos. Caras de frío en el tendido. Churros y un traguito de anís. Gafas de sol que ocultan los ojos de una noche de excesos. Voces roncas que acusan el ajetreo de los días de Toros. Peñas. Pañuelos. Besos con amores de verano que mueren cada septiembre. Los toros están en los corrales. Exhaustos por un encierro exigente. Peligroso y precioso. Que conserva la identidad de un pueblo. El Jueves de Toros marca el fin de un nuevo año. Porque en Cuéllar, los años se miden por el paso de Toros. Porque el toreo fue y siempre será del pueblo.

Cuellaranos... ¡A por ellos!

Publicado en Mundotoro. 31.01.2018.

miércoles, 24 de enero de 2018

Pasión, tradición, toros... y Morante


Seguimos la vera del Guadalquivir desde que asomó el Giraldillo en el horizonte. Sus idas prestas y sus vueltas perezosas son como el eterno vuelo de los volantes de una canastera cuando al compás de tres por cuatro los mece al aire. Tiene algo de insinuación, como Pastora, pero también de salvaje, La Malena. Es libre como Gallito e inspirador como Rafael. Un agua que riega marismas. Una tierra de toros. De un torero, Morante.

Lo primero una vez que perdemos Sevilla es Gelves, Tierra Santa. Allí parió la Señá Gabriela a José, Rafael y Fernando empapados en agua del río que lleva y trae retazos de nuestra historia. Sin perderlo de vista, Coria del Río, en otro tiempo marinero. Su puerto, puerta de entrada a Hispalis, descargó riquezas de allende los mares. De oriente a occidente.

No más de tres kilómetros más allá se levanta a capricho una de las joyas de la ribera del Guadalquivir. Un gran monumento a Alfonso X El Sabio nos recibe ataviado con el pañuelo azul y rojo. La Puebla del Río está de fiesta. Su patrón, San Sebastián, ha vuelto a unir al pueblo en torno a una celebración que en apenas cuatro años ha traspasado la frontera local.

Los globos de helio de Bob Esponja se mezclan en el paisaje con la plaza de toros. Un Bart Simpson hinchable, que se mueve al bote de los chiquillos, se confunde con el humo del puesto de buñuelos. La Peña del Betis, repleta, aún mira con altanería a la del Sevilla, que está un pelín más arriba, después del regalo de Reyes. De repente aparece un pequeño carretón entre dos niños que pelean como si les fuese la vida en llevarlo calle Larga para arriba. Esto es España en fiestas. El color, el olor. El sabor amargo de una cerveza y las manos de una cocinera que borda el solomillo al whisky. Sí, España.
Los balcones están engalanados con la rojigualda y la blaugrana (con perdón). El vallado del encierro no tiene ni un desconchón. Pintado a capricho con los colores locales avanza más de dos kilómetros en una casi perfecta línea recta entre la salida y la plaza. La plaza, aun siendo portátil, es distinta a todas las demás. El dibujo de la Puerta del Príncipe engalana la Puerta Grande y los rayos de sol se reflejan en el brillante albero, de Alcalá de Guadaira. Suena la Banda Municipal que toca alegre una marcha a lo lejos, mientras los tambores de la Escuela Infantil hace tronar con el redoble.

La esquina del reloj bulle antes del encierro. Miles de personas se agolpan en el cruce de la calle Larga con la calle Palmar. Al fondo, se atisba la Parroquia Nuestra Señora de la Granada donde San Sebastián aguarda la salida en su día grande. De fondo, sevillanas de Los Romeros de la Puebla, ilustres vecinos, que son los encargados de dar el chupinazo este año. ‘¡Que bote La Puebla!’, ‘¡Alabin alaban, a la bin bon ban, La Puebla y nada más!’, gritan los jóvenes entre la multitud.

Es La Puebla del Río en esencia. La misma que baña los arrozales desde tiempos inmemoriales. Tradición y pasión. Un reducto en el que no cuaja el postmodernismo sensiblero estéril que pretende unificar sociedades y continentes. La huida de la globalización. Un canto a las raíces, a la familia, a los amigos de siempre.

Es Morante en plenitud. Su generosidad ha levantado la fecha del 20 de enero y la ha marcado a fuego en el calendario. Un trabajo que no se puede cuantificar en dedicación pero sí que se puede calificar: ilusión. La ilusión que se percibe en cada rincón del pueblo. Que se respira en niños y mayores. En las lágrimas de fe al paso de San Sebastián con el eco de las cornetas y los tambores de la Legión de fondo. Que se ve en la cara de los chavales que sacaron en hombros al nuevo ídolo local, El Exquisito. Morante es de pueblo y vive por y para su pueblo, su Puebla.

Morante tiene la culpa.

miércoles, 17 de enero de 2018

Mondoñedo: la leyenda que une a Bogotá con La Puebla del Río

El nombre de Mondoñedo en los carteles es motivo suficiente para la peregrinación a cualquier plaza por parte de los aficionados más exigentes de Colombia. La ganadería, santo y seña de la ganadería en el país cafetero, tiene tras de sí una apasionante historia que nace antes pero en la misma cabeza del precursor de la Santamaría y vuela hasta la sevillana La Puebla del Río. 

A punto de cumplir un siglo de historia, el campo bravo no sería el mismo sin la idea que tuvo un genio, Ignacio Sanz de Santamaría, que dedicó su vida y su patrimonio para cambiar el toreo en Colombia. Todo comienza en la Hacienda La Holanda, a escasos 30 kilómetros de la capital, cuando los antepasados de don Ignacio la bautizaron así por los múltiples canalillos de agua que la atraviesan.

Ignacio Sanz de Santamaría dedicó toda su fortuna en dos ideas: la creación de la mayor plaza del país y traer bravura de España para modernizar el campo colombiano. Así fue cuando en 1923 desembarcaron los cuatro sementales del Conde Santa Coloma -'Liguero', 'Civilero', 'Canastillo' y 'Malavista'- y tres del Duque de Veragua -'Cigüeño', 'Cantinero' y 'Granadino'-. En la hacienda ya había ganado criollo a la usanza de la época, de pocas garantías. La amistad con ambos ganaderos fructificó en la primera revolución de la cabaña brava colombiana.

Aquí nace la historia de la ganadería en Colombia. En paralelo a este proceso, Ignacio Sanz de Santamaría comienza en 1928 la construcción de la mayor plaza de toros de Colombia. Fue el 8 de febrero de 1931 cuando la Santamaría -el nombre lo toma de don Ignacio- fue inaugurada en loir de multitudes con Manolo Martínez, Ángel Navas y Mariano Rodríguez en el cartel para lidiar los míticos toros de Mondoñedo.

Mientras, en la Hacienda La Holandesa, Rafael El Gallo se peleaba por seleccionar junto a don Ignacio las mejores vacas criollas con el objetivo de cruzarlas con el ganado español para crear la mejor ganadería de Colombia. Al poco tiempo, eliminó la vía Veragua dejando solo la línea de Ibarra.

Después de refrescar con los 'murubes' de Pastejé, llegó el momento determinante en la ganadería. En 1979, Fermín, nieto de don Ignacio, fue hasta La Puebla del Río a casa de los hermanos Peralta para buscar un reducto de puro encaste contreras. Tres sementales, 'Modisto', 'Naranjito' y 'Limonero', y una pequeña punta de vacas. A partir de ahí todo cambió. Hasta el momento predominaron los toros 'murubeños' de la vía Ibarra pero actualmente son los castaños de contreras los que predominan.

Hoy, Mondoñedo es sinónimo de exigencia y casta. Los toreros se anuncian con los toros de divisa azul, verde y plata para hacer sus gestas en el ruedo. Su trapío es la referencia de los aficionados toristas aunque es de reconocibles hechuras. Ignacio Sanz de Santamaría, sin saberlo, unió la historia de Colombia, Bogotá y La Puebla del Río gracias al toro. El mismo que aún pasta en la Hacienda La Holandesa impasible ante el insostenible crecimiento de la urbe, entre las montañas pero a la vez tan cerca de la megalópolis. El sueño de don Ignacio.

Publicado en Mundotoro. 17.01.2017.

miércoles, 10 de enero de 2018

'Sabemos los honorarios que está acostumbrado a cobrar José Tomás pero Morante no es ambicioso con el dinero'

Jerez de la Frontera. 12 de mayo. Juan José Padilla y José María Manzanares acompañarán a Morante de la Puebla en su esperada vuelta a los ruedos. Los toros, de Juan Pedro Domecq. 'Tenemos firmada la reaparición y la última', nos confirma Manolo Lozano. 'Morante ha elegido Jerez porque está muy cerca de Sevilla'. Unas 25 corridas de toros que concluirán por todo lo alto.

Los nombres de Morante de la Puebla y José Tomás han estado muy ligados en las últimas fechas. El rumor de que el torero de Galapagar va a hacer temporada en España hizo saltar todas las alarmas. 'A Morante le hizo ilusión ver a José Tomás en la corrida del 12 de diciembre en La México. Fue invitado por don Alberto Bailleres y enseguida aceptó'. 

'Dicen que José Tomás puede torear alrededor de 12 corridas este año. Me gustaría que, al menos, torease un 50% junto a él. Seis o siete tardes pero eso depende de las empresas'. Aquí nos surge la duda del problema económico que supondría juntar en el mismo cartel a estos dos colosos: 'Sabemos los honorarios que está acostumbrado a cobrar José Tomás pero Morante no es ambicioso con el dinero. Por mucho que cobre José Tomás, en plazas donde se den ferias de cuatro o cinco festejos, los números saldrían perfectamente'.

¿Y la televisión? 'Ninguna'. A Morante habrá que verle en la plaza este año. 'Si las ferias que se retransmiten por televisión reservasen una corrida para José Tomas y Morante, imagínese el impulso que daría al abono. Van a ser los dos únicos toreros que no se van a dejar televisar y el público lleva tiempo sin verles'.  

Sevilla es importante para Morante. Por eso, a pesar de no estar en abril, redoblará los esfuerzos para terminar el año anunciándose en las dos corridas -de Juan Pedro Domecq y de Hermanos García Jiménez- que compondrán la Feria de San Miguel. '¿Qué significa? Que no será contratado en plazas a posteriori de Sevilla como Zaragoza o Jaén. Aunque empiece tarde, tiene tiempo para torear las 25, o incluso 30 si quiere, corridas de toros que estamos diseñando'.

Manolo Lozano no ha dejado ningún detalle a la improvisación: 'Me quiero permitir el lujo de que los 15 días antes de San Miguel, Morante no toree en ninguna parte. Se ha echado a la espalda la responsabilidad de una feria que no pasa por buen momento. Queremos llenar la plaza y recuperarla. No queremos correr ningún riesgo. Es lo mejor para, incluso, llegar con más inspiración a torear esas dos corridas'. 

'Morante quiere torear pero le he dicho que tenga paciencia'

Morante ha recobrado la ilusión. Parte de la culpa la tiene Manolo Lozano. Un verso suelto en el toreo. Un hombre libre que nunca abrazó ningún dogma. Es de noche. Fuera, llueve. Hablamos de la alegría que este agua está llevando al campo: 'Las lluvias de hace unas semanas, más las de estos días sirven para arreglar los pastos. Los ganaderos lo estaban pasando muy mal'.

La primera pregunta es directa, ¿qué tal está Morante? Y clara la respuesta: 'El torero está lleno de moral y alegre, que es lo importante. Ahora está concentrado en la organización de la novillada sin caballos de su pueblo el 20 de enero y el encierro infantil del día anterior. ¡Ha hecho un traje de luces para todos los niños! Eso se llama hacer afición'. Manolo Lozano vibra hablando de 'su' torero: 'En este poco tiempo, puedo considerarle amigo de verdad. El cariño es mutuo'.

Aún queda tiempo hasta el 12 de mayo. Día marcado a fuego para los partidarios del torero de La Puebla del Río. Hasta entonces quedan cuatro meses de intensa preparación. 'Está con una actividad estupenda. Varios ganaderos me han ofrecido vacas pero prefiero que las reserven. Morante quiere torear pero le he dicho que tenga paciencia. Enero y febrero son meses fríos, llueve... Lo mejor es que este entrenamiento sea en marzo y abril, ya con la primavera. Ahora está haciendo ejercicio, corre, hasta juega al fútbol en su finca. También es importante la mentalización. Una cosa es el ejercicio muscular y otra el espiritual. Está entregado a que tiene que salir a darlo todo'. 

'Es importante que haya comunión directa entre torero y apoderado -continúa- al igual que tiene que haberlo con la cuadrilla. Domingo Ortega me decía que dirigía a la cuadrilla con la mirada'. Se percibe. Entre los dos surge la magia. 'Hablamos todas las noches. No hago nada sin que lo sepa. Todo le parece perfecto al igual que a mi me parece su toreo. Desde que le vi por primera vez me parece el toreo pluscuamperfecto porque tiene tanta técnica como el primero, más valor de lo que se cree la gente y, por si fuese poco, la repajolera gracia de los que nacen a la vera del Guadalquivir. Ese duende y ese sentimiento que solo tienen los que se bañan en el Guadalquivir'. Y lo tiene fácil para bañarse, le apostillo. 'Incluso en invierno', contesta con gracia.