viernes, 10 de febrero de 2017

Garrido: 'Sé lo que he hecho y lo que puedo dar, por eso merezco mi sitio'

José Garrido es un torero con esperanza. Tiene raza y ambición porque sabe que puede alcanzar el sueño que lleva anhelando desde que se calzó los botos por primera vez. Garrido quiere primero ser, luego estar para, con todo junto, mandar. En el ruedo marca su territorio pero fuera aún está en la fina cuerda que rompe ser un verso suelto. Un cabo vigoroso y bien atado que se siente dueño y protector de su barco. Acaba de aterrizar de Colombia donde guardará un recuerdo imborrable: el indulto de 'Tocayito' de la siempre exigente ganadería de Mondoñedo. Bogotá y Garrido, amor a primera vista. 


'Colombia, sensaciones únicas'.
'En Colombia viví sensaciones únicas, fue una experiencia diferente por todo lo que conllevaba el festejo: la reapertura, la sensación de que todo pendía de un hilo por las presiones políticas y antitaurinas... pero todo cambió cuando llegué. No vi ni un antitaurino, solo ilusión y ganas por ir a los toros. No hubo altercados ni sensación de peligro, al revés, hubo siempre una gran sensación de seguridad'.

'La afición me ha cogido cariño'.
'El año de mi debut en Colombia lo guardaré para siempre con cariño. Ya en Manizales cuajé un toro muy a gusto hace un mes pero lo de Bogotá fue indescriptible. El indulto y la oreja con fuerza que corté al primero calaron muy fuerte en la Santamaría. La afición es excelente y me ha acogido con cariño. Va a la plaza a disfrutar, a ver torear, a pegar el olé fuerte cuando tiene que hacerlo. Se entrega cuando ve a un torero dándo todo de sí mismo'.

Una experiencia inolvidable.
'La experiencia en Colombia fue para recordar. La primera ganadería que nos recibió tanto a Rafaelillo como a mí fue Mondoñedo. Además de ser un privilegio poder rodarte delante de un toro con una embestida diferente, el tentadero fue muy importante con vacas muy serias. Después, estuve en Achury Viejo, uno de los sitios más bonitos en los que he estado. Una hacienda colonial con solera, la plaza de tientas con un sabor especial y la oportunidad de torear cinco vacas gordas a más de 2700 metro de altura. Un privilegio'.

'Colombia tiene un sabor especial'.
'Allí redescubres que el toreo es grandeza. El trato que recibe un torero es maravilloso. En Achury Viejo nos enseñaron cartas de sus tatarabuelos, de las compras que hicieron cuando había esclavos o la biblioteca que es un monumento. Sí, Colombia tiene un sabor especial'.

José Garrido en el momento de indultar a 'Tocayito'



Rafaelillo, un amigo.
'Rafael llega al corazón sin esforzarse. Tenemos complicidad porque nos conocemos desde que estaba sin caballos. Es un tío que merece la pena, ojalá hubiera muchos más como él en el toro. Y por culpa de esa amistad tenemos mucha rivalidad en el ruedo. Cuando Rafa estuvo así de bien en el cuarto, yo salí a por todas. Fíjate como será que cuando estábamos en el hotel le llamé para cenar y me dijo: 'Que contigo no voy, que me has quitado los titulares' (risas).

España, de vuelta a la realidad.
'En Fallas no llegamos a un acuerdo pero no pasa nada. Este año Valencia llegará en julio. Siempre he dicho que he de hacerme respetar. Sé lo que he hecho en la plaza y sé lo que puedo dar, por eso merezco que me den el sitio que merezco'.

¿Y Madrid?
'Siempre he recibido buen trato por parte de Simón Casas. Estoy seguro de que este año también será así. Madrid de momento está en el aire pero de que iré a Las Ventas... de eso estoy seguro'.

¿Qué esperamos de Garrido para este 2017?
'Estoy mejor que el año pasado. Aunque el toreo no es trabajo, este invierno he trabajado duro. Me he esforzado en cada entrenamiento, en cada tentadero para crecer como torero. Soy el mismo del año pasado pero más hecho, más capaz. Con las mismas formas pero con mejor fondo'. 

Publicado en Mundotoro. 10.02.2016.

domingo, 29 de enero de 2017

Terapia contra el invierno

Un año más, Ajalvir se convierte en la terapia contra un invierno que cuando llega a San Blas comienza a hacerse muy largo para los aficionados. Una terapia de choque, que dirían los psicoanalistas. El hashtag #SucedióenAjalvir se instauró como santo y seña tras un paseíllo insólito ante la atónita mirada de una veintena de asiáticos en barrera que pensaban que aquello solo era la presentación de este espectáculo tan singular. Pero no, faltaban los picadores.

Los ‘ibanes’ de Alberto Mateos tuvieron buena presencia -enlotados en tres más altos y de caras más abiertas y otros tres más recogidos por delante y hondos de hechuras- y hasta tres prestaron un juego interesante, destacando el tercero y cuarto o lo que duró el primero. En el balance artístico primó lo estadístico: la primera oreja del año fue para Sánchez Vara.

Abrió la temporada un ‘Ibán’ de Mateos tocado hacia arriba de pitones, serio. Se movió con franqueza en los primeros tercios e incluso en la apertura de muleta, cuando se desplazó con codicia y transmisión. Sánchez Vara, después de un tercio de banderillas que remató con un par al violín, ejecutó una labor de oficio que se fue apagando con la voluntad del toro. El sol cayó y sin él llegó el frío que se contagió en el ambiente y en el ruedo. Lo más destacado del cuarto capítulo llegó con la precisión de cirujano con que Sánchez Vara colocó los tres pares de banderillas. El tercer tercio pasó sin mucho brillo, más allá de la voluntad del alcarreño que incluso se puso de rodillas. El efecto rápido del pinchazo hondo debió ser lo que animó a que cortara la primera oreja del año.

De mejores hechuras el segundo aunque astigordo por delante no dio opciones a José Arcila que dejó el momento más interesante en la elegante apertura a la verónica. Después, voluntad del colombiano en una faena larga en tiempo y escasa en contenido. También fue silenciado. Además de serio y muy astifino, el quinto fue complicado. En banderillas acortó dificultando el trabajo de los subalternos. Arcila logró varios compases de muletazos limpios que, a la postre, quedó como su firma en su paso por Ajalvir. Mató de una estocada habilidosa.

El tercero tuvo el aire del primero en su morfología, un punto alto y abierto de cara. Empujó en el caballo después de que César Valencia lo recibiera con un farol. En la muleta fue bueno el de Alberto Mateos, con fijeza y prontitud, mientras que el venezolano combinó momentos intensos -sobre todo al final- con otros en los que buscó el acople. El mal uso del descabello alargó la función. Cayó la noche, lo que dificultó y condicionó la lidia del sexto. Tampoco tuvo suerte Valencia con este animal, que se empleó en exceso en el caballo. La espada volvió a ser su asignatura pendiente.

Plaza de toros de Ajalvir (Madrid). Primera de Feria. Más de media entrada. Toros de Alberto Mateos, de buena presentación y de juego dispar. Destacaron tercero y cuarto. Sánchez Vara, silencio y oreja; José Arcila, silencio en ambos; y César Valencia, silencio tras aviso y silencio.