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martes, 20 de diciembre de 2016

España 2016: a la espera del cambio

De Olivenza a Zaragoza -con el preludio emotivo de Vistalegre- pasó la temporada 16 de la nueva era. El cambio de siglo trajo consigo permutas tanto estructurales como de modas en la sociedad que conforme avanza ya la segunda década del segundo milenio lo confirma. Un nuevo rumbo que se convierte en tendencia tan volátil, tan rápido como se esfuma un tweet de tu TL. La tauromaquia se daba abrazos de oso cuando a finales del siglo pasado vivía muy por encima de sus posibilidades. Ya con la cruda realidad delante, la neopolítica se ha encargado en este 2016 de perpetrar todo lo que se propuso pero no consiguió el pasado año por falta de tiempo tras las elecciones municipales.

Con un caldo de cultivo propicio para que los cambios también llegaran al mundo del toro, la temporada arrancó con un emotivo mano a mano en Vistalegre entre dos 'debutantes', David Mora y Fortes que volvían a doctorarse después de superar el trance más amargo de sus vidas. Ajalvir y Valdemorillo ya habían matado el gusanillo del aficionado, mientras que los tentaderos públicos confirmaban un nuevo devenir de los antiguos festivales -qué recuerdos...- donde se daban cita toreros de distintas épocas. Ahí quedó el ejemplo de Talavera de la Reina, una pueblo histórico para el toreo que se tuvo que exiliar a una portatil durante la feria de septiembre pero que en enero llenó los tendidos como hacía años que no se veía. Claro que el cartel con Paco Ojeda, Juan Mora, Víctor Mendes y Joselito era de peregrinación.

Olivenza mantuvo el caché. El rabo que cortó Roca Rey junto con la extraordinaria dimensión de un aún novillero Ginés Marín sentaron las bases que se confirmaron en Castellón y Valencia. En la ciudad de La Plana se enfrentaron los 'emergentes' López Simón y Roca Rey para después en Fallas batirse en duelo con las figuras Juli y Talavante. El año estaba marcado por esta tendencia: figuras y jóvenes en los carteles. Mientras que el peruano arrolló en su duelo con un inspirado 'Tala', El Juli marcó su territorio frente al torero de Barajas. También empezaron a sonar con fuerza nombres como José Garrido, Juan del Álamo, Roca Rey o Cayetano, mientras que la gran manifestación del 13M dejó a Rafaelillo y a Paco Ureña en un lugar privilegiado.

Madrid y Sevilla abrieron sus temporadas en la Pascua, tiempo simbólico también en lo taurino. Mientras que en la capital Curro Díaz volvía a descerrojar la Puerta Grande, en la Maestranza por Resurrección Morante cuajaba un faenón rematada con tres avisos. Precisamente Sevilla será la baluarte, por fin, donde el genio de La Puebla firmaría una de sus obras cumbres en su último cartucho. Por fin, Morante y Sevilla se fundieron en un mismo ser. Mientras, la única Puerta del Príncipe fue para Padilla y a un paso la dejaron Manzanares y López Simón. Resonaron más nombres en ese cante de 'veteranos y noveles': El Juli, Ponce, Pepe Moral, Javier Jiménez, El Cid, Joselito Adame, Garrido... Y la grandiosa tarde de los 'victorinos' con el indulto de Cobradiezmos por parte de Manuel Escribano y la faena de confirmación de Ureña.

Y en Santa Justa, el primer AVE que partió a Madrid dejó las Puertas Grandes de Roca Rey, David Mora, Manzanares, López Simón y los rejoneadores Andy, Galán y Leonardo en dos ocasiones en San Isidro. Un mes completo de toros que dejaron en la palestra, además, toreros como Talavante, Ponce, Juli, Castella, Rafaelillo o Paco Ureña que estuvo a punto de dar un golpe... pero la espada se llevó un buen puñado de orejas. La cúlmen llegó el día de Beneficencia donde Manzanares se encontró con Dalia, de Victoriano del Río, para presenciar uno de los momentos más emotivos y emocionantes de los últimos años.

La vorágine de Las Ventas en mayo tejió entre sus telas momentos importantes como el mano a mano en Aranjuez entre Morante y El Juli o la vuelta de José Tomás en Jerez en el primer capítulo de su fugaz temporada donde López Simón indultó a 'Tonteras', de Zalduendo. La temporada del de Galapagar trascurrió desde la capital del fino hasta Alicante, Huelva, San Sebastián y el doble compromiso en Valladolid con un balance de 15 orejas a la espera de saber si en 2017 afrontará ese paso adelante que muchos reclaman.

Así, después de las Ferias de San Juan llegó el verano que estuvo copado por la cornada mortal a Víctor Barrio en Teruel que puso de luto al toreo. Un verano gris, enmascarado por una tragedia que persiguió cada plaza, cada torero que se vistió de luces y cada aficionado que pasó por taquilla. La dureza del toreo también se vio reflejada en la gravísima cornada que sufrió Manuel Escribano en Alicante y que aún le mantiene en el dique seco o el sangriento verano en Las Ventas con casi una decena de percances a novilleros que buscaron su penúltima oportunidad donde el novillo es más serio y la exigencia, más alta.

Mientras en Vitoria se daba el cerrojazo a la plaza, consumando la enésima traición al toreo, agosto fluía entre El Puerto, la Huelva de JT, o una esperanzada Pontevedra que sigue queriendo ser el baluarte de Galicia. A pesar de la buena salud de Gijón, la siempre animosa Huesca o el maratón del 15 de agosto y sus correlativos, el verano marcó el cierre de infinidad de pueblos con tradición social pero traicionados administrativamente. Aunque se mantuvieron las cifras en plazas de primera y segunda, la sangría se notó en los cosos más humildes.

Así, Bilbao dejó las Puerta Grandes de Diego Urdiales y José Garrido o la brillante actuación de Enrique Ponce antes de adentrarnos en un septiembre pródigo en festejos donde, por fin, los novilleros pudieron sumar un buen puñado de contratos tras una primera parte central del año desolador para el escalafón menor. Villaseca, Algemesí, Arganda, Arnedo... dejaron bien posicionados a Luis David Adame, Pablo Aguado, Manolo Vanegas o Leo Valadez.



Roca Rey tuvo que cortar la temporada el primer día del noveno mes y Valladolid fue el epicentro del toreo en el homenaje a Víctor Barrio en una feria que contó por dos veces con José Tomás. También reapareció Luis Francisco Esplá en Arles que se sumó a las vueltas por un día de Ortega Cano en Benidorm, Cristina Sánchez en Cuenca o el incombustible Soro en Valencia. También Salamanca y Albacete lanzaron respectivamente a Juan del Álamo -indulto incluído- y a un recuperable Rubén Pinar además de los triunfos de Manzanares, Ponce, Juli, Perera o Talavante.

2016 cerró un ciclo. Con Las Ventas para el tándem Casas-Nautalia, los eslabones del toreo cambian. Así se notó en Sevilla con Javier Jiménez dejándose la piel, importantes obras de Castella y Manzanares o en Zaragoza donde se recuerdan faenas de Morante, Padilla, Ponce, Talavante o la regularidad en la estadística de López Simón. Así bajó el telón con la esperanza de que 2017 consolide un cambio... ¿o no?

Publicado en Mundotoro el 20.12.2016

jueves, 6 de octubre de 2016

'Un genio y un ladrón'


¡Qué manera de torear! Lo de Enrique Ponce se sale de toda lógica. Ve toro en cualquier circunstancia. Le valen todos: los que se caen, los que se quedan cortos, los que aprietan, los que se meten por dentro… todos terminan embistiendo en la muleta embriagadora del valenciano. En Logroño, además, firmó dos obras sublimes. La del cuarto, superior. Incomprensiblemente, fueron premiadas con una raquítica oreja que le privó de salir por la Puerta Grande con todo merecimiento.

Le privó o le hurtó un usía protagonista también 48 horas antes del escándalo de ‘Planteadito’ que cambió la vida como semental por la del desolladero. A pesar de todo, Ponce dejó una obra magna de empaque, torería y valor. Enganchó los muletazos con los vuelos y la cadera para mandarlo más allá de la cintura acompañando con todo el cuerpo. Una delicia técnica y artística de un torero irrepetible. Más allá de las estadísticas, de las orejas y de la bronca al presidente, Ponce rindió a La Ribera en una tarde grande ayuna de toros.

Ponce merece un monumento en cada plaza en la que torea. Como si le fuera la vida en ello, le saca faena a gran porcentaje de toros sea cual sea su condición. A este cuarto lo recibió por una bonita, buena y vistosa combinación de verónicas y chicuelinas rematadas por una revolera. El toro, con gran alzada, llegó a la muleta justo de fuerza e incluso perdió las manos en el inicio… pero no volvió a hacerlo. Como hecho por obra de un mago, Ponce lo consintió, lo sobó, lo llevó a su altura para que olvidara que unos minutos antes se tambaleaba. Ahí fue cuando Ponce creó una obra de arte y dejó los cites fuertes para que la suavidad diera paso a una muleta imperceptible. Todo con los vueltos, sin una violencia.

Enrique Ponce, al natural en Logroño


Las poncinas, con el toro sacando una cuarta al torero fueron una delicia. Y cuando parecía que era el final, arrancó otra faena. Más Ponce. Logroño entregada. Todo fue torería desde el arranque de las tandas hasta los remates. Soberbio. Sonó un aviso mientras aún toreaba antes de recetar un espadazo ofreciendo el pecho y saliendo con un alamar arrancado. Otra vez el mismo presidente volvió a hacer un ridículo inexplicable concediendo solo una oreja en una faena de dos orejas rotundas. El público se entregó a Ponce que tuvo que dar dos vueltas al ruedo mientras señalaban al palco con gritos de ‘Fuera, Fuera’.

No esperó Ponce para torear a la verónica al colorado que abrió la tarde. Volvió por delantales para llevarlo al caballo de forma muy torera. Ponce lo vio claro y brindó al público este primer pasaje que tuvo en el temple, las pausas y las alturas las claves. El eje central de la faena fue sobre la mano izquierda, donde hizo al toro antes de romperlo por la derecha. El final por la izquierda a pies juntos rematado por doblones rodilla en tierra y un espadazo sin puntilla hizo que el público pidiera la segunda oreja.

Ni El Cid -que sustituyó a Talavante- ni Perera tuvieron suerte con los lotes dentro de una corrida baja de fuerza y raza de El Pilar que apenas dejó opciones. Al flojo segundo le sustituyó otro colorado, muy bajo con la cara reunida, muy bien hecho. El Cid lo cuidó en los primeros tercios y llegó a la muleta con mucha clase. El de Salteras estuvo a gran nivel, toreando con la mano baja en una faena sin apenas toques. Lástima que la espada quedara trasera y tuviera que dar un golpe de verduguillo que le privó de una oreja. Todo fue disposición de El Cid frente al quinto que lo intentó a pesar de que el asado no se prestaba para el lucimiento. Esta vez no fue su día con la espada.

El tercero, muy serio y astifino, apenas ayudó a un voluntarioso Perera. Por el pitón derecho surgió lo mejor pero se diluyó al natural, por donde el toro iba a su aire. Escuchó un aviso. El lote de Perera fue infumable. Al tercero le siguió un sexto que igual daba una embestida corta, que perdía las manos o se metía por dentro. El extremeño estuvo profesional para extraer todo lo que tenía el toro que cerró la tarde.

Plaza de toros de La Ribera. Tercera de la Feria de San Mateo. Tres cuartos de entrada. Toros de El Pilar, el segundo como sobrero, correctamente presentados aunque desiguales y flojos en líneas generales.
Enrique Ponce, oreja con petición de la segunda y oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo tras aviso; El Cid, que sustituyó a Talavante, ovación y silencio; Miguel Ángel Perera, silencio tras aviso y silencio. Saludó Curro Javier tras parear al tercero.

Publicado en Mundotoro. 19.09.2016.