Jerez de la Frontera. 12 de mayo. Juan José Padilla y José María Manzanares acompañarán a Morante de la Puebla en su esperada vuelta a los ruedos. Los toros, de Juan Pedro Domecq. 'Tenemos firmada la reaparición y la última', nos confirma Manolo Lozano. 'Morante ha elegido Jerez porque está muy cerca de Sevilla'. Unas 25 corridas de toros que concluirán por todo lo alto.
Los nombres de Morante de la Puebla y José Tomás han estado muy ligados en las últimas fechas. El rumor de que el torero de Galapagar va a hacer temporada en España hizo saltar todas las alarmas. 'A Morante le hizo ilusión ver a José Tomás en la corrida del 12 de diciembre en La México. Fue invitado por don Alberto Bailleres y enseguida aceptó'.
'Dicen que José Tomás puede torear alrededor de 12 corridas este año. Me gustaría que, al menos, torease un 50% junto a él. Seis o siete tardes pero eso depende de las empresas'. Aquí nos surge la duda del problema económico que supondría juntar en el mismo cartel a estos dos colosos: 'Sabemos los honorarios que está acostumbrado a cobrar José Tomás pero Morante no es ambicioso con el dinero. Por mucho que cobre José Tomás, en plazas donde se den ferias de cuatro o cinco festejos, los números saldrían perfectamente'.
¿Y la televisión? 'Ninguna'. A Morante habrá que verle en la plaza este año. 'Si las ferias que se retransmiten por televisión reservasen una corrida para José Tomas y Morante, imagínese el impulso que daría al abono. Van a ser los dos únicos toreros que no se van a dejar televisar y el público lleva tiempo sin verles'.
Sevilla es importante para Morante. Por eso, a pesar de no estar en abril, redoblará los esfuerzos para terminar el año anunciándose en las dos corridas -de Juan Pedro Domecq y de Hermanos García Jiménez- que compondrán la Feria de San Miguel. '¿Qué significa? Que no será contratado en plazas a posteriori de Sevilla como Zaragoza o Jaén. Aunque empiece tarde, tiene tiempo para torear las 25, o incluso 30 si quiere, corridas de toros que estamos diseñando'.
Manolo Lozano no ha dejado ningún detalle a la improvisación: 'Me quiero permitir el lujo de que los 15 días antes de San Miguel, Morante no toree en ninguna parte. Se ha echado a la espalda la responsabilidad de una feria que no pasa por buen momento. Queremos llenar la plaza y recuperarla. No queremos correr ningún riesgo. Es lo mejor para, incluso, llegar con más inspiración a torear esas dos corridas'.
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miércoles, 10 de enero de 2018
miércoles, 22 de noviembre de 2017
lunes, 29 de mayo de 2017
'Con P(epe) de Príncipe'
Solo le quedaba una carta. En la corrida y, probablemente, en una temporada que se pondría cuesta arriba. Así fue cuando se echó la muleta a la mano izquierda para torear. De verdad. Con todas las letras. Muy lento, con compás, largo. Pero sobre todo eso, despacio. La emergencia de quien está tieso pero con la certeza de que puede cambiar su sino. Como ya lo hizo en 2014. Como lo hizo en Madrid cuando empezaba. La Maestranza rugía como en las grandes tardes. Sevilla busca un príncipe al que cuidar como un tesoro.
Pepe Moral cerró la feria toreando. Y bien. Tiene el sevillano la cualidad del temple, el poso que da una alternativa que ya se pierde hace casi ocho años y el alma de quien quiere torear más de lo que torea. Además tiene expresión. Torea con compás y alarga el brazo. Y todo eso lo sacó con una variada corrida de Miura con hechuras de la casa en el que salieron dos de los complicados, dos que se dejaron y dos que se lesionaron de una mano -uno que apuntó nobleza y otro que iba para peligroso-, lo que les impidió para la lidia normal. Sevilla brillaba hoy con una luz especial. Será la nostalgia de sentir lo que estaba a punto de acabarse.
Abrió el lote del de Los Palacios un toro agalgado, con menos kilos y de mejor presencia que el primero. Lo lanceó con suavidad y remató con una arrebatada media. Tenía buen tranco el animal pero le faltaba un punto de empuje con el que va la humillación. Le puso inteligencia Moral para corregir los defectos del Miura que embestía de forma muy descompuesta. Ahí fue cuando mediada la faena lo apretó por el derecho, alargando la embestida y trasmitiendo al tendido. Con la música sonando, cogió la mano izquierda para interpretar el toreo caro. Otra por la derecha de mucha ligazón y profundidad. La tanda final con la izquierda y las trincherillas de remate -con el toro mirando al tendido en el final de cada muletazo- fueron el colofón a una faena que fue creciendo de forma progresiva. La estocada en todo lo alto le puso la oreja en la mano y la esperanza en lo que aún estaba por llegar.
Con dos largas cambiadas Pepe Moral recibió a 'Amapolo', un miura que superó con creces los seiscientos kilos pero más bajo, huesudo y enseñando las puntas. Se levantó con energía para seguir lanceando a la verónica ganando terreno hasta más allá del tercio. Lo llevó galleando con el capote a la espalda en el primer encuentro y lo dejó largo en el segundo. Se arrancó con alegría y embistió a media altura. La cabeza de Moral sabía que el toro le iba a dar una oportunidad soñada. Así fue como con la muleta en la izquierda empezó a torear al ralentí, enormemente despacio. El toro era noble y embestía al son de la templada muleta del sevillano. Una de esas virtudes que si un torero es capaz de encontrarle la velocidad o incluso reducírsela aún más tiene el alboroto garantizado. Tenía a la gente loca. En Sevilla suena el runrún cuando ya tienes una oreja en el esportón. 'Amapolo' iba dormido y a veces a su aire pero Pepe Moral toreó con tal compás que crujió la plaza. Se gustó en las trincherillas finales que rezumaron sabor. Con la espada montada, apretó la gente y apretó él. Apretó tanto que cayó un tanto baja que no bajonazo. ¿Tanto como para quitarle lo que se había ganado? Una vez más, el palco tuvo las de ganar en otra decisión que no solo le quita una oreja, sino que borra de un plumazo una Puerta del Príncipe que Pepe ganó a golpe de natural.
Esaú salió por su propio pie de la Maestranza de milagro. Para demostrar su compromiso, cruzó el ruedo para recibir en la puerta de chiqueros al primero de su lote. Con la dificultad que acarrea precisamente con esta divisa cuya salida suele ser al paso, orientándose y mirando hasta el vuelo de una avispa. Así fue como el toro le midió, arrolló, Esaú se tiró para esquivarlo pero el Miura se revolvió como el rabo de una lagartija y le pegó una tremenda paliza. Lo zarandeó, lo pisó y hasta derrotó, afortunadamente, con las palas del pitón. Quedó inmóvil en el ruedo en unos segundos de trágica incertidumbre. El toro causó el pánico en el ruedo yendo de picador a picador. Sin esperarlo y heroicamente, volvió al ruedo casi concluido el primer tercio. También fue peligroso en banderillas e incluso prendió por la chaquetilla a Curro Robles que expuso en el tercer par y lo buscó con saña en el ruedo. Un capote milagroso evitó algo mayor. Muy peligroso se puso también en la muleta, lanzando derrotes por encima del estaquillador. Mérito la tanda por el derecho. Por el izquierdo le dijo que 'su' tía. En un arreón, el toro se lesionó de la mano izquierda y tuvo que irse a por la espada.
El sexto tuvo mucho volumen. Lo lanceó bien Esaú de inicio y se arrancó de lejos en el segundo puyazos. Hubo transmisión en las primeras tandas por la movilidad del animal y el torero de Camas lo toreó con buen son sobre la mano derecha. El toro fue a menos y, por ende, la faena que se quedó en la buena disposición del coleta.
Solo tenía dos cartuchos Antonio Nazaré para dar la vuelta a su futuro. Pues bien, el primero fue pólvora mojada por el dudoso criterio presidencial de aguantar a un toro que, manifiestamente, se había lesionado de una mano en el primer tercio. No le sirvieron a la señora presidenta con las continuas caídas en banderillas para echarlo para atrás y obligó al de Dos Hermanas que se ahogara en un sinsentido. Estuvo limpio en una faena a media altura, siempre sujetándolo. Irreprochable su actuación. El cuarto tuvo esa salida de chiqueros típica de Miura. Este cárdeno tenía buenas hechuras, dentro de la altura natural de los del hierro de la A con asas. Nazaré lo sacó a los medios con el capote en una lidia de nota con el toro viniéndose por dentro. Hizo caso al público y lo dejó largo en el segundo encuentro con el picador. Puyazo en lo alto de Manuel Jesús Ruiz Román. Volvió a medir y a acortar en banderillas, lo que haría después en la muleta. Estuvo perfecto Nazaré sudando tinta china frente a un toro muy agresivo y complicado. Incluso llegó a meterse entre los pitones para sacarle todo lo que tenía con mucho mérito. La estocada quedó trasera y todo se quedó en una ovación.
Sevilla no dejó a Pepe Moral que se fuera a pie. No lo merecía. La bronca cuando salía en volandas por la Puerta Principal aún resuena en los ya vacíos tendidos de la Maestranza. La Feria no mereció más protagonismo de un palco que quiere ser la novia en todas las bodas. Sevilla mereció que un torero de Sevilla, su Sevilla, abriera su puerta más grande. Sevilla mereció la recompensa de encontrar a su príncipe: Pepe Moral.
Crónica publicada en Mundotoro. 07.05.2017.
Pepe Moral cerró la feria toreando. Y bien. Tiene el sevillano la cualidad del temple, el poso que da una alternativa que ya se pierde hace casi ocho años y el alma de quien quiere torear más de lo que torea. Además tiene expresión. Torea con compás y alarga el brazo. Y todo eso lo sacó con una variada corrida de Miura con hechuras de la casa en el que salieron dos de los complicados, dos que se dejaron y dos que se lesionaron de una mano -uno que apuntó nobleza y otro que iba para peligroso-, lo que les impidió para la lidia normal. Sevilla brillaba hoy con una luz especial. Será la nostalgia de sentir lo que estaba a punto de acabarse.
Abrió el lote del de Los Palacios un toro agalgado, con menos kilos y de mejor presencia que el primero. Lo lanceó con suavidad y remató con una arrebatada media. Tenía buen tranco el animal pero le faltaba un punto de empuje con el que va la humillación. Le puso inteligencia Moral para corregir los defectos del Miura que embestía de forma muy descompuesta. Ahí fue cuando mediada la faena lo apretó por el derecho, alargando la embestida y trasmitiendo al tendido. Con la música sonando, cogió la mano izquierda para interpretar el toreo caro. Otra por la derecha de mucha ligazón y profundidad. La tanda final con la izquierda y las trincherillas de remate -con el toro mirando al tendido en el final de cada muletazo- fueron el colofón a una faena que fue creciendo de forma progresiva. La estocada en todo lo alto le puso la oreja en la mano y la esperanza en lo que aún estaba por llegar.
Con dos largas cambiadas Pepe Moral recibió a 'Amapolo', un miura que superó con creces los seiscientos kilos pero más bajo, huesudo y enseñando las puntas. Se levantó con energía para seguir lanceando a la verónica ganando terreno hasta más allá del tercio. Lo llevó galleando con el capote a la espalda en el primer encuentro y lo dejó largo en el segundo. Se arrancó con alegría y embistió a media altura. La cabeza de Moral sabía que el toro le iba a dar una oportunidad soñada. Así fue como con la muleta en la izquierda empezó a torear al ralentí, enormemente despacio. El toro era noble y embestía al son de la templada muleta del sevillano. Una de esas virtudes que si un torero es capaz de encontrarle la velocidad o incluso reducírsela aún más tiene el alboroto garantizado. Tenía a la gente loca. En Sevilla suena el runrún cuando ya tienes una oreja en el esportón. 'Amapolo' iba dormido y a veces a su aire pero Pepe Moral toreó con tal compás que crujió la plaza. Se gustó en las trincherillas finales que rezumaron sabor. Con la espada montada, apretó la gente y apretó él. Apretó tanto que cayó un tanto baja que no bajonazo. ¿Tanto como para quitarle lo que se había ganado? Una vez más, el palco tuvo las de ganar en otra decisión que no solo le quita una oreja, sino que borra de un plumazo una Puerta del Príncipe que Pepe ganó a golpe de natural.
Esaú salió por su propio pie de la Maestranza de milagro. Para demostrar su compromiso, cruzó el ruedo para recibir en la puerta de chiqueros al primero de su lote. Con la dificultad que acarrea precisamente con esta divisa cuya salida suele ser al paso, orientándose y mirando hasta el vuelo de una avispa. Así fue como el toro le midió, arrolló, Esaú se tiró para esquivarlo pero el Miura se revolvió como el rabo de una lagartija y le pegó una tremenda paliza. Lo zarandeó, lo pisó y hasta derrotó, afortunadamente, con las palas del pitón. Quedó inmóvil en el ruedo en unos segundos de trágica incertidumbre. El toro causó el pánico en el ruedo yendo de picador a picador. Sin esperarlo y heroicamente, volvió al ruedo casi concluido el primer tercio. También fue peligroso en banderillas e incluso prendió por la chaquetilla a Curro Robles que expuso en el tercer par y lo buscó con saña en el ruedo. Un capote milagroso evitó algo mayor. Muy peligroso se puso también en la muleta, lanzando derrotes por encima del estaquillador. Mérito la tanda por el derecho. Por el izquierdo le dijo que 'su' tía. En un arreón, el toro se lesionó de la mano izquierda y tuvo que irse a por la espada.
El sexto tuvo mucho volumen. Lo lanceó bien Esaú de inicio y se arrancó de lejos en el segundo puyazos. Hubo transmisión en las primeras tandas por la movilidad del animal y el torero de Camas lo toreó con buen son sobre la mano derecha. El toro fue a menos y, por ende, la faena que se quedó en la buena disposición del coleta.
Solo tenía dos cartuchos Antonio Nazaré para dar la vuelta a su futuro. Pues bien, el primero fue pólvora mojada por el dudoso criterio presidencial de aguantar a un toro que, manifiestamente, se había lesionado de una mano en el primer tercio. No le sirvieron a la señora presidenta con las continuas caídas en banderillas para echarlo para atrás y obligó al de Dos Hermanas que se ahogara en un sinsentido. Estuvo limpio en una faena a media altura, siempre sujetándolo. Irreprochable su actuación. El cuarto tuvo esa salida de chiqueros típica de Miura. Este cárdeno tenía buenas hechuras, dentro de la altura natural de los del hierro de la A con asas. Nazaré lo sacó a los medios con el capote en una lidia de nota con el toro viniéndose por dentro. Hizo caso al público y lo dejó largo en el segundo encuentro con el picador. Puyazo en lo alto de Manuel Jesús Ruiz Román. Volvió a medir y a acortar en banderillas, lo que haría después en la muleta. Estuvo perfecto Nazaré sudando tinta china frente a un toro muy agresivo y complicado. Incluso llegó a meterse entre los pitones para sacarle todo lo que tenía con mucho mérito. La estocada quedó trasera y todo se quedó en una ovación.
Sevilla no dejó a Pepe Moral que se fuera a pie. No lo merecía. La bronca cuando salía en volandas por la Puerta Principal aún resuena en los ya vacíos tendidos de la Maestranza. La Feria no mereció más protagonismo de un palco que quiere ser la novia en todas las bodas. Sevilla mereció que un torero de Sevilla, su Sevilla, abriera su puerta más grande. Sevilla mereció la recompensa de encontrar a su príncipe: Pepe Moral.
Crónica publicada en Mundotoro. 07.05.2017.
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'Inmenso Ferrera'
Verónica a verónica fue ganando terreno. Más lenta cada una que la anterior. Más despacio todavía. El toro se dormía en los vuelos del capote y el torero se desmayaba en cada lance. Así llegó a la boca de riego. ¿Una más? Claro. Mecía más que echaba el capote. Ningún cite. Sin brusquedad. Retorcía la figura buscando lo más largo todavía. En otros era un viaje cortito a velocidad cero. De borrachera. Figura barroca. Estampa antigua. Cuando llegó la media, toro y torero estaban ya en la otra punta del platillo. Otra media más de cartel con la música sonando como solo suena en Sevilla. Antonio Ferrera sublimó el toreo de capote. Qué torero.
Ferrera enloqueció física y literalmente la Maestranza que se había rendido a la magia de un inicio que quedó para los anales. 'Sombrerero' tenía un gran son en la embestida. Auguraba cante grande. Empujó en el peto, a lo que Ferrera le respondió sacándolo por caleseras. Vistosidad y riesgo a partes iguales. Había temple en cada viaje y en cada lance. Monstruoso. Tomó los palos, cuadró en dos pares sensacionales pero cuando tenía ya el tercer par en la mano, 'Sombrerero' fue a rematar en el burladero de matadores y se rompió la mano izquierda. No lo devolvió el presidente en primera instancia formando un auténtico altercado público. Cambió el tercio, cogió el teléfono y finalmente lo devolvió. Acto no reglamentario por la incompetencia supina del usía que fue solventada con buen criterio en el callejón.
Ya había pasado el ecuador de la tarde. Padilla exprimió al anodino primero, Ferrera dio una lección con el manso segundo y López Simón se encontró con 'Bellito'. A la postre, este colorado, de buenas hechuras, caja con el peso justo y acapachado aunque recogido de cuerna, fue un toro de nota dentro de la baja puntuación que nos dejó el encierro de El Pilar. El malogrado 'Sombrerero' apuntaba cosas de ensueño pero si la vida es injusta, el toreo es casi un imposible.
Nadie vio lo que tuvo que apreciar Ferrera para ponerse tan de verdad con el segundo. Tocado de pitones, alto, fino de cabos. Suelto como una veleta fue en los capotes, buscando siempre el refugio de las tablas cada vez más cerca de chiqueros. Precisamente allí terminó y fue donde Ferrera tuvo que instrumentar la laboriosa faena tras sendos pares de Padilla y el extremeño de mucha exposición. Lo enceló en la muleta, buscando y encontrando las alturas y distancias. Ahí fue cuando con la mano izquierda extrajo un puñado de muletazos con la franela retrasada, tirando de él, componiendo y llegando al tendido. Pulseando cada viaje, sin brusquedad. Tuvo mérito no solo extraer lo que no tenía sino, además, hacerlo así de bonito. La estocada cayó desprendida, el toro rodó sin puntilla, el público pidió la oreja... y el presidente volvió a quitarle otro trofeo en 'su' Sevilla.
Las ilusiones se fueron al traste con la lesión del quinto. Nada hacía esperar que saliese un toro mejor que el que se había ido por el desolladero. Certero Lebrija para apuntillar al toro que no acompañó a los cabestros. En su lugar salió otro basto de hechuras, largo de viga y alto de cruz. No tenía nada que ver. Apenas se empleó en el caballo, buscando siempre los pechos, y no banderilleó. A pesar de todo, brindó al público. La falta de fuerza era evidente pero Ferrera lo llevó a media altura, sin someterlo pero enseñándolo, alargando el muletazo un poquito más de hasta donde el toro quería. Y justo en ese momento, cuando encontró la tecla, se rompió con él. Los cambios de mano y los pases de pecho hasta la hombrera contraria fueron de volverse loco. Es que Ferrera torea reunido, encajado y a la vez natural, templado y con verdad. Y eso llega al público. Todo fue muy despacio. El final a dos manos fue el colofón magnífico a una tarde grande. Sin tiempo para sentarse montó la espada, entró y salió prendido por el pecho en unos instantes dramáticos. Volvió a la carga, pinchó arriba y el toro hizo por él. Aún quedaba una, cuando el toro, sin moverse, le tapó la salida pegándole un tornillazo en la barbilla. No había doblado el toro y tenía a Sevilla a sus pies. Rendida. Ferrera volvía una semana después para demostrar que es un torero enorme.
El tercero fue otra historia ya de salida. De mejores hechuras, embistió con buen son en el capote de López Simón que ejecutó un buen toreo de verónica en apenas una baldosa. Peleó en varas con brío y tuvo una fijeza que mantuvo durante toda la lidia en banderillas. El madrileño se colocó en la segunda raya para empezar a torear sin preámbulos. Por la derecha. El toro se rebosaba en cada embestida, colocaba la cara y se abría una barbaridad. Un superclase. Simón ligó con pulcritud tandas que tuvieron en la largura, la reunión y en la limpieza lo mejor. 'Bellito' siguió creciendo sobre el pitón izquierdo siempre tomando la muleta por abajo con una gran humillación. De nota porque mantuvo las cualidades hasta el final de una faena medida en duración. El madrileño pinchó en dos ocasiones y dejó la sensación de que deberíamos haber salido hablando de él. 'Bellito' se fue entre una gran ovación entre algunos gestos circulares que pidieron un premio mayor para él. López Simón también saludó en el tercio.
Padilla solo pudo estar como estuvo, sacando todo lo que tenía un lote ayuno de esas cosas que hacen falta para que aquello rompa. El primero, alto de agujas, montado, arrolló en los primeros lances al jerezano que a punto estuvo de llevárselo puesto. Pareó junto a Ferrera en un áspero aunque vistoso tercio. No tuvo brillantez este aunque Padilla consiguió una tanda de buen oficio mediada la faena. Sin más. El cuarto también fue alto y largo. Tuvo movilidad en los primeros tercios aunque sin terminar de emplearse. En la muleta tuvo nobleza pero sin emoción. Padilla le hilvanó la faena en los medios sin la brillantez necesaria para levantar la tarde. Sevilla quiere al Pirata que saludó dos ovaciones.
Cerró la tarde el toro más feo de todo el envío. Ensillado, enseñando las puntas, muy serio. No tuvo lucimiento los primeros tercios, siempre soltando la cara. Fue incómodo en la muleta por su aspereza y falta de cualquier cualidad. La faena de Simón nunca tomó vuelo.
A Ferrera ya le cantan. La cara en la segunda vuelta al ruedo hablaba del dolor, de la dureza de una vida persiguiendo un sueño. Se veía el reflejo de una lucha que nunca acaba. De una noche que se alarga entre las tinieblas de un nuevo amanecer. Sin orejas pero con reconocimiento. Ferrera estuvo enorme.
Publicado en Mundotoro. 06.05.2017.
Ferrera enloqueció física y literalmente la Maestranza que se había rendido a la magia de un inicio que quedó para los anales. 'Sombrerero' tenía un gran son en la embestida. Auguraba cante grande. Empujó en el peto, a lo que Ferrera le respondió sacándolo por caleseras. Vistosidad y riesgo a partes iguales. Había temple en cada viaje y en cada lance. Monstruoso. Tomó los palos, cuadró en dos pares sensacionales pero cuando tenía ya el tercer par en la mano, 'Sombrerero' fue a rematar en el burladero de matadores y se rompió la mano izquierda. No lo devolvió el presidente en primera instancia formando un auténtico altercado público. Cambió el tercio, cogió el teléfono y finalmente lo devolvió. Acto no reglamentario por la incompetencia supina del usía que fue solventada con buen criterio en el callejón.
Ya había pasado el ecuador de la tarde. Padilla exprimió al anodino primero, Ferrera dio una lección con el manso segundo y López Simón se encontró con 'Bellito'. A la postre, este colorado, de buenas hechuras, caja con el peso justo y acapachado aunque recogido de cuerna, fue un toro de nota dentro de la baja puntuación que nos dejó el encierro de El Pilar. El malogrado 'Sombrerero' apuntaba cosas de ensueño pero si la vida es injusta, el toreo es casi un imposible.
Nadie vio lo que tuvo que apreciar Ferrera para ponerse tan de verdad con el segundo. Tocado de pitones, alto, fino de cabos. Suelto como una veleta fue en los capotes, buscando siempre el refugio de las tablas cada vez más cerca de chiqueros. Precisamente allí terminó y fue donde Ferrera tuvo que instrumentar la laboriosa faena tras sendos pares de Padilla y el extremeño de mucha exposición. Lo enceló en la muleta, buscando y encontrando las alturas y distancias. Ahí fue cuando con la mano izquierda extrajo un puñado de muletazos con la franela retrasada, tirando de él, componiendo y llegando al tendido. Pulseando cada viaje, sin brusquedad. Tuvo mérito no solo extraer lo que no tenía sino, además, hacerlo así de bonito. La estocada cayó desprendida, el toro rodó sin puntilla, el público pidió la oreja... y el presidente volvió a quitarle otro trofeo en 'su' Sevilla.
Las ilusiones se fueron al traste con la lesión del quinto. Nada hacía esperar que saliese un toro mejor que el que se había ido por el desolladero. Certero Lebrija para apuntillar al toro que no acompañó a los cabestros. En su lugar salió otro basto de hechuras, largo de viga y alto de cruz. No tenía nada que ver. Apenas se empleó en el caballo, buscando siempre los pechos, y no banderilleó. A pesar de todo, brindó al público. La falta de fuerza era evidente pero Ferrera lo llevó a media altura, sin someterlo pero enseñándolo, alargando el muletazo un poquito más de hasta donde el toro quería. Y justo en ese momento, cuando encontró la tecla, se rompió con él. Los cambios de mano y los pases de pecho hasta la hombrera contraria fueron de volverse loco. Es que Ferrera torea reunido, encajado y a la vez natural, templado y con verdad. Y eso llega al público. Todo fue muy despacio. El final a dos manos fue el colofón magnífico a una tarde grande. Sin tiempo para sentarse montó la espada, entró y salió prendido por el pecho en unos instantes dramáticos. Volvió a la carga, pinchó arriba y el toro hizo por él. Aún quedaba una, cuando el toro, sin moverse, le tapó la salida pegándole un tornillazo en la barbilla. No había doblado el toro y tenía a Sevilla a sus pies. Rendida. Ferrera volvía una semana después para demostrar que es un torero enorme.
El tercero fue otra historia ya de salida. De mejores hechuras, embistió con buen son en el capote de López Simón que ejecutó un buen toreo de verónica en apenas una baldosa. Peleó en varas con brío y tuvo una fijeza que mantuvo durante toda la lidia en banderillas. El madrileño se colocó en la segunda raya para empezar a torear sin preámbulos. Por la derecha. El toro se rebosaba en cada embestida, colocaba la cara y se abría una barbaridad. Un superclase. Simón ligó con pulcritud tandas que tuvieron en la largura, la reunión y en la limpieza lo mejor. 'Bellito' siguió creciendo sobre el pitón izquierdo siempre tomando la muleta por abajo con una gran humillación. De nota porque mantuvo las cualidades hasta el final de una faena medida en duración. El madrileño pinchó en dos ocasiones y dejó la sensación de que deberíamos haber salido hablando de él. 'Bellito' se fue entre una gran ovación entre algunos gestos circulares que pidieron un premio mayor para él. López Simón también saludó en el tercio.
Padilla solo pudo estar como estuvo, sacando todo lo que tenía un lote ayuno de esas cosas que hacen falta para que aquello rompa. El primero, alto de agujas, montado, arrolló en los primeros lances al jerezano que a punto estuvo de llevárselo puesto. Pareó junto a Ferrera en un áspero aunque vistoso tercio. No tuvo brillantez este aunque Padilla consiguió una tanda de buen oficio mediada la faena. Sin más. El cuarto también fue alto y largo. Tuvo movilidad en los primeros tercios aunque sin terminar de emplearse. En la muleta tuvo nobleza pero sin emoción. Padilla le hilvanó la faena en los medios sin la brillantez necesaria para levantar la tarde. Sevilla quiere al Pirata que saludó dos ovaciones.
Cerró la tarde el toro más feo de todo el envío. Ensillado, enseñando las puntas, muy serio. No tuvo lucimiento los primeros tercios, siempre soltando la cara. Fue incómodo en la muleta por su aspereza y falta de cualquier cualidad. La faena de Simón nunca tomó vuelo.
A Ferrera ya le cantan. La cara en la segunda vuelta al ruedo hablaba del dolor, de la dureza de una vida persiguiendo un sueño. Se veía el reflejo de una lucha que nunca acaba. De una noche que se alarga entre las tinieblas de un nuevo amanecer. Sin orejas pero con reconocimiento. Ferrera estuvo enorme.
Publicado en Mundotoro. 06.05.2017.
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El espectáculo de la calle Iris, desde dentro
Casi al final de la calle Antonia Díaz cuando vienes del cruce con Adriano, justo antes de encontrarte con Curro Romero y la inmensidad del Paseo de Colón se abre una calle muy pequeñita y estrecha que nunca pasaría desapercibida. Esa cuesta adoquinada con un punto de pendiente, su puerta enrejada que da acceso a la Maestranza y el número 16 que asoma por la entrada más esperada.
Es la calle Iris. La calle más torera de cuantas pudieron hacer. El punto de comunión entre los toreros y el público. Allí cada tarde, la gente comprueba que el que se viste de luces no es uno más. Allí se venera al héroe que encuentra en esos 50 metros el motivo por el que es capaz de hacer lo que los demás no hacen.
Flashes, selfies, estampitas, gritos de admiración. Cientos de personas se arremolinan a la espera de la llegada de los toreros que atienden uno a uno a lo que llamarían ‘fans’ si se dedicaran al cante o al balón.
Vive la calle Iris como si estuvieras desde dentro. Desde su soledad hasta su pasión desbordada. Entra a descubrir su grandeza.
Reportaje publicado en Mundotoro. 05.05.2017
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El Colón, la casa de los toreros en Sevilla
¿Por qué los toreros eligen el Gran Meliá Colón para alojarse cuando torean en Sevilla? ¿Qué diferencia a este hotel del resto? ¿Cuáles son las peculiaridades de los toreros antes de torear en la Maestranza?
Rosana González, General Manager del Gran Meliá Colón nos recibe en el lobby del hotel siempre con una sonrisa. Son días de máximo ajetreo en el hotel referencia para el mundo del toro en Sevilla. Exposiciones, tertulias y numerosas personalidades se alojan estos días en el Colón, como se conoce al hotel por antonomasia de la capital Hispalense.
Es el día de hablar de cómo es un torero antes y después de una de las corridas más importantes de su temporada. Seguro que hay muchas cosas que no conocías.
Reportaje publicado en Mundotoro. 05.05.2017.
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'A la orilla del río'
A donde van a parar las ilusiones, los sueños, las pesadillas, las alegrías y los sinsabores. La vida que nace y muere con la esperanza de un nuevo despertar. La dicha de una nueva embestida, de un muletazo que es caricia contra la agresividad natural. Un ideal que navegó a veces con el viento de popa que lo impulsa y lo lanza. Morante, Talavante y Mora ejercieron de capitanes de su destino. Dueños de un timón férreo con la sutil suavidad de quien sortea las olas. Pero todo quedó ahí donde mueren las ilusiones y los sueños, a la orilla del río.
Porque a la orilla del río quedaron las ilusiones de Morante que busca en Sevilla comprender por qué el toreo le llamo a él. Morante es la inteligencia unido a una capacidad innata. Con eso que le fluye. La naturalidad hecha torero. Así fue como en su cuarta cita con la Maestranza quiso como nunca antes. El primero fue un tío. Fuerte aunque bajo, cornidelantero y astifino. Fue ovacionado de salida. Siempre suelto en el capote y en los dos encuentros con el peto, Carretero se fajó para sujetarlo pero su condición le hacía irse cuando veía la puerta abierta. Ahí fue cuando se quedó Morante solo con el de Cuvillo. Suave, muy suave, dio celo al toro sacándolo entre las dos rayas de picar. Clave. El toro solo quería zafarse de la muleta con serios arreones y el incómodo viento se hizo presente.
No importó. Morante se echó la muleta a la mano izquierda para instrumentar dos naturales primero y una tanda de media docena después de los de reconciliarse con el toreo. Roto, encajado, hundido pero sin descomponer un ápice la figura. Si buenos fueron los de por abajo, el que pegó por arriba para ligarlo con el de pecho fue de cartel. Ya nos habíamos olvidado que por el izquierdo era donde el toro huía en el primer tercio y que el viento era un incómodo compañero de viaje. Qué bonito sonaba Suspiros de España. Con garbo y torería, cerró al toro una miajita como bailando con la muleta y el toro. Ahí fue cuando cogió la derecha. El toro pesaba y apretaba en los adentros pero ahí era donde venían el muletazo sublime. Largo. Eterno. Voz fuerte del sevillano para provocar a 'Sombrerero' y salió el olé profundo y ronco de lo que llega a dentro. Ya nos habíamos olvidado de su genio, de su aspereza, de lo que cuesta un toro así en ese terreno. Morante lo hace y punto. Dejó un espadazo que por punto trasero alargó la muerte. Incomprensiblemente eso enfrió a una parte del público que se negó a la evidencia. Otra gran porción pidió la oreja. El presidente hizo caso a los primeros.
Morante tiene eso que da ser especial. Imprevisible. El último toro de su particular feria no mereció todo lo que le hizo. Quiso con el capote. Tres verónicas de cartel con el toro metiéndose por dentro y un quite por chicuelinas que apuntaba a grande pero quedó inconcluso porque quería irse ahí donde fue a morir. Pero Morante es genial. Paró a Carretero que se iba a colocar el primer par y le pidió las banderillas. Ni el toro estaba para banderillear ni Morante quería irse sin vaciarse. Arreó y de qué manera en el primer par. En el segundo cuadró en la cara. Y en el tercero surgió la magia. Con el hombro derecho pegado en las tablas que miran a la Puerta del Príncipe. El toro en el burladero. Cita. El toro le miró sin ir. Aguantó estoico el sevillano que lo provocó más. Dos pasos. La distancia era corta y peligrosa. Volvió a citar, el toro arrancó, marcó la suerte del quiebro con soberana maestría y saludó con toda la Maestranza en pie. Todo fue un espejismo cuando tomó la muleta. Un suspiro roto. Una voz aflautada en un cuerpo de hombre recio. Un gatillazo. El toro se rajó antes incluso del segundo tercio. Lo intentó tapándole la cara o fijando por abajo pero fue una pelea imposible. Hubo muletazos aprovechando el viaje del toro por ahí. Hubo esperanza. Hasta el abaniqueo con el que cerró fue precioso. Se tiró a matar como si se jugara algo más. Es Morante.
Dos toros buenos con distinta condición trajo Núñez del Cuvillo dentro de una corrida de buenas aunque distintas hechuras. Bravo fue el segundo. Un toro menos apretado que el primero aunque lleno y bajo, amplio de sienes y con cuello. De salida ya colocó la cara y cumplió en el caballo pero fue en banderillas cuando se evidenció su buen tranco. Pronto, con ritmo y franqueza, Talavante toreó reunido y con ajuste sobre la mano izquierda en una tanda muy jaleada. El viento siempre estaba ahí. Este fue otro importante 'Esparraguero', como aquel jabonero que consagró a Talavante en El Pilar de Zaragoza en el ya lejano año 11. Bravo. No excedió el extremeño en una faena medida. Salió trompicado de la estocada después de que se quedara en la cara en el embroque, lo que dio más emotividad al último encuentro. Esta vez el toro cayó rápido, la petición fue similar a la del primero pero esta vez el premio fue de oreja.
El otro bueno fue 'Novelero'. Este tercero más encastado que bravo. Salpicado de pinta y más basto de hechuras en su conjunto. Se movió en el capote de David Mora e incluso arreó con fuerza en el caballo, recargando, aunque amagó con tirar la toalla. Fueron emocionantes las banderillas de Antoñares y José María Tejero, que expusieron en demasía sobre todo en el tercer par. Se dobló David con él, llevándolo muy suave. Respondió el de Cuvillo desde la primera tanda con embestidas profundas. Lo mejor llegó al natural, donde el torero puso corazón y alma sin pensar en más allá. Lo apretó, incluso, toreando por abajo y el toro respondió con entrega. Pero ahí fue cuando se sintió podido y lo que antes era profundidad se convirtió en intentos voluntarios de fuga. La espada le hubiera puesto una oreja en la mano pero un pinchazo previo a la estocada fulminó con cualquier esperanza.
Las tardes son un viaje por las emociones. Te suben y bajan en cuestión de minutos. Esta fue de las que arrancaron con fuerza. Cuatro capítulos intensos, con ritmo. Trepidantes. Pero el colofón descafeinó lo que empezó siendo grande. El quinto estaba hecho más cuesta arriba y salió suelto desde la salida. Siempre embistió descompuesto incluso cuando intentó fijarlo con brillantez Valentín Luján. Talavante estuvo firme pero se alargó en una labor de escaso eco por los viajes descompuestos del burel.
El sexto fue la ejemplificación de que los anhelos de la undécima de feria murieron a la orilla. Astifino y con caja, humilló y embistió con ritmo de salida. Apretó en el caballo y colocó la cara en el quite de Mora. Ángel Otero dio espectáculo en banderillas con dos pares cuadrando en la cara. Rompió 'Barrilero' desde la primera tanda con codicia y repetición. Mora lo exigió primero y se relajo después. A pesar de que nos las prometíamos felices, al toro le empezó a costar el tercer muletazo. Después amagó con irse. Y a la definitiva, se fue.
Por un momento, los sueños parecieron navegar por un río bravío e indomable. El destino o el camino fueron conduciendo a la orilla. La orilla donde se embarran las esperanzas. Donde muere el presente. Donde nace el recuerdo.
Crónica publicada en Mundotoro. 04.05.2017.
Porque a la orilla del río quedaron las ilusiones de Morante que busca en Sevilla comprender por qué el toreo le llamo a él. Morante es la inteligencia unido a una capacidad innata. Con eso que le fluye. La naturalidad hecha torero. Así fue como en su cuarta cita con la Maestranza quiso como nunca antes. El primero fue un tío. Fuerte aunque bajo, cornidelantero y astifino. Fue ovacionado de salida. Siempre suelto en el capote y en los dos encuentros con el peto, Carretero se fajó para sujetarlo pero su condición le hacía irse cuando veía la puerta abierta. Ahí fue cuando se quedó Morante solo con el de Cuvillo. Suave, muy suave, dio celo al toro sacándolo entre las dos rayas de picar. Clave. El toro solo quería zafarse de la muleta con serios arreones y el incómodo viento se hizo presente.
No importó. Morante se echó la muleta a la mano izquierda para instrumentar dos naturales primero y una tanda de media docena después de los de reconciliarse con el toreo. Roto, encajado, hundido pero sin descomponer un ápice la figura. Si buenos fueron los de por abajo, el que pegó por arriba para ligarlo con el de pecho fue de cartel. Ya nos habíamos olvidado que por el izquierdo era donde el toro huía en el primer tercio y que el viento era un incómodo compañero de viaje. Qué bonito sonaba Suspiros de España. Con garbo y torería, cerró al toro una miajita como bailando con la muleta y el toro. Ahí fue cuando cogió la derecha. El toro pesaba y apretaba en los adentros pero ahí era donde venían el muletazo sublime. Largo. Eterno. Voz fuerte del sevillano para provocar a 'Sombrerero' y salió el olé profundo y ronco de lo que llega a dentro. Ya nos habíamos olvidado de su genio, de su aspereza, de lo que cuesta un toro así en ese terreno. Morante lo hace y punto. Dejó un espadazo que por punto trasero alargó la muerte. Incomprensiblemente eso enfrió a una parte del público que se negó a la evidencia. Otra gran porción pidió la oreja. El presidente hizo caso a los primeros.
Morante tiene eso que da ser especial. Imprevisible. El último toro de su particular feria no mereció todo lo que le hizo. Quiso con el capote. Tres verónicas de cartel con el toro metiéndose por dentro y un quite por chicuelinas que apuntaba a grande pero quedó inconcluso porque quería irse ahí donde fue a morir. Pero Morante es genial. Paró a Carretero que se iba a colocar el primer par y le pidió las banderillas. Ni el toro estaba para banderillear ni Morante quería irse sin vaciarse. Arreó y de qué manera en el primer par. En el segundo cuadró en la cara. Y en el tercero surgió la magia. Con el hombro derecho pegado en las tablas que miran a la Puerta del Príncipe. El toro en el burladero. Cita. El toro le miró sin ir. Aguantó estoico el sevillano que lo provocó más. Dos pasos. La distancia era corta y peligrosa. Volvió a citar, el toro arrancó, marcó la suerte del quiebro con soberana maestría y saludó con toda la Maestranza en pie. Todo fue un espejismo cuando tomó la muleta. Un suspiro roto. Una voz aflautada en un cuerpo de hombre recio. Un gatillazo. El toro se rajó antes incluso del segundo tercio. Lo intentó tapándole la cara o fijando por abajo pero fue una pelea imposible. Hubo muletazos aprovechando el viaje del toro por ahí. Hubo esperanza. Hasta el abaniqueo con el que cerró fue precioso. Se tiró a matar como si se jugara algo más. Es Morante.
Dos toros buenos con distinta condición trajo Núñez del Cuvillo dentro de una corrida de buenas aunque distintas hechuras. Bravo fue el segundo. Un toro menos apretado que el primero aunque lleno y bajo, amplio de sienes y con cuello. De salida ya colocó la cara y cumplió en el caballo pero fue en banderillas cuando se evidenció su buen tranco. Pronto, con ritmo y franqueza, Talavante toreó reunido y con ajuste sobre la mano izquierda en una tanda muy jaleada. El viento siempre estaba ahí. Este fue otro importante 'Esparraguero', como aquel jabonero que consagró a Talavante en El Pilar de Zaragoza en el ya lejano año 11. Bravo. No excedió el extremeño en una faena medida. Salió trompicado de la estocada después de que se quedara en la cara en el embroque, lo que dio más emotividad al último encuentro. Esta vez el toro cayó rápido, la petición fue similar a la del primero pero esta vez el premio fue de oreja.
El otro bueno fue 'Novelero'. Este tercero más encastado que bravo. Salpicado de pinta y más basto de hechuras en su conjunto. Se movió en el capote de David Mora e incluso arreó con fuerza en el caballo, recargando, aunque amagó con tirar la toalla. Fueron emocionantes las banderillas de Antoñares y José María Tejero, que expusieron en demasía sobre todo en el tercer par. Se dobló David con él, llevándolo muy suave. Respondió el de Cuvillo desde la primera tanda con embestidas profundas. Lo mejor llegó al natural, donde el torero puso corazón y alma sin pensar en más allá. Lo apretó, incluso, toreando por abajo y el toro respondió con entrega. Pero ahí fue cuando se sintió podido y lo que antes era profundidad se convirtió en intentos voluntarios de fuga. La espada le hubiera puesto una oreja en la mano pero un pinchazo previo a la estocada fulminó con cualquier esperanza.
Las tardes son un viaje por las emociones. Te suben y bajan en cuestión de minutos. Esta fue de las que arrancaron con fuerza. Cuatro capítulos intensos, con ritmo. Trepidantes. Pero el colofón descafeinó lo que empezó siendo grande. El quinto estaba hecho más cuesta arriba y salió suelto desde la salida. Siempre embistió descompuesto incluso cuando intentó fijarlo con brillantez Valentín Luján. Talavante estuvo firme pero se alargó en una labor de escaso eco por los viajes descompuestos del burel.
El sexto fue la ejemplificación de que los anhelos de la undécima de feria murieron a la orilla. Astifino y con caja, humilló y embistió con ritmo de salida. Apretó en el caballo y colocó la cara en el quite de Mora. Ángel Otero dio espectáculo en banderillas con dos pares cuadrando en la cara. Rompió 'Barrilero' desde la primera tanda con codicia y repetición. Mora lo exigió primero y se relajo después. A pesar de que nos las prometíamos felices, al toro le empezó a costar el tercer muletazo. Después amagó con irse. Y a la definitiva, se fue.
Por un momento, los sueños parecieron navegar por un río bravío e indomable. El destino o el camino fueron conduciendo a la orilla. La orilla donde se embarran las esperanzas. Donde muere el presente. Donde nace el recuerdo.
Crónica publicada en Mundotoro. 04.05.2017.
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Sevilla
'De Feria'
Estaba Sevilla con aire de Sábado de Farolillos. Había alegría en el tendido que se volcó con la entrega de la terna de toreros-banderilleros que volvía a copar un mismo cartel. Un público agradecido que se dividía entre los que vinieron expresamente de la Feria a rebufo del cartel y los que se quedaron en el Real a la vista de los casi tres cuartos de aforo que se completaron. Juan José Padilla y El Fandi, aparte de sortear dos toros con grandes cualidades, contaron con el beneplácito de la concurrencia que disfrutaron durante la lidia y mostraron sus pasiones cuando la presidenta no concedió sendos trofeos que la plaza pedía de forma clamorosa.
El cuarto y el quinto fueron el cenit de una corrida bien presentada y seria de Jandilla. Toda la corrida corta de manos, preciosa de hechuras y con las caras que aportaban más seriedad aún al conjunto. Como virtud, la corrida tuvo movilidad -excepto el rajado sexto-, la clase y la fijeza. El cuarto desbordaba cada embestida desde el capote de Padilla, mientras que el que correspondió a El Fandi tuvo ritmo y profundidad. Hubo otro toro con cualidades, el primero, que quiso aunque tuvo el defecto de querer irse, pero cuando fue lo hizo con infinita calidad y recorrido. No tuvo la fortuna de que ninguno cayera en sus manos Manuel Escribano que tuvo que lidiar con los toros de menos puntuación.
El eje argumental de la corrida fue el tercio de banderillas. Una corrida habitual durante décadas con un público muy amplio que se vio hoy representado. Volvieron a compartir y a competir en un reñido duelo entre los especialistas del escalafón. Se vieron un gran carrusel de suertes: de poder a poder, dentro a fuera, el quiebro, la moviola, el violín o la calafia.
El Fandi se apretó con el quinto cuando en el primer muletazo de rodillas, esperando al toro en los medios, recibió una cornada en el muslo derecho a la altura de la rodilla. El toro se le cruzó y por astifino, le hizo presa con solo rozarle. El de Jandilla era acapachado y serio por delante y bien hecho pero con trapío por detrás. Ilusionó en el primer tercio por su embestida de infinita calidad, buen tranco, abriéndose y yéndose lejos en cada capotazo templado del granadino. Toreó bien con la capa con una media tras el quite de corte superior. En banderillas, galopó lo que dio un aire especial al buen par a la moviola que clavó con precisión de cirujano. Había que llevarlo muy toreado, por eso llegó el percance y por eso se volvió a colar en el siguiente cite de largo. Fandi tomó la media distancia donde el toro obedeció humillando, desplazándose muy largo también por el pitón izquierdo donde toreó muy encajado y con temple. Bravo y encantado fue el de la estrella. En el tramo final, las tandas se sucedieron más cortas pero efectistas. Puso al toro mirando a las tablas para ejecutar la suerte de recibir pero la espada quedó caída. A eso se agarró el palco para no conceder un primer trofeo que, como dice el reglamento, otorga el público. Después de la vuelta al ruedo y la consiguiente bronca, pasó a la enfermería para ser operado de la cornada..
Tampoco atendió al público la exigente Anabel en el cuarto. Padilla es ídolo en Sevilla y lo sabe. Se fue a la puerta de chiqueros para recibir a 'Caudillo' y no fue una sino hasta cuatro las largas de rodillas que recetó el jerezano. Como una revolución, fue hacia el toro para enjaretar una tras otra entre el desparrame general. También fue serio el colorado con el pial de Vegahermosa, enseñando las puntas, pero de buenas hechuras como lo fue toda la corrida. Embistió con clase en un exigente primer tercio en el que El Fandi quitó por lopecinas, mientras que El Pirata rescató los faroles invertidos que por infrecuentes en la lidia actual resultan incluso agradables. Compartió banderillas, esta vez, con Fandila que bordó la moviola. No se quedó atrás Padilla que aguantó como un jabato como le midió antes de clavar al violín y quedar a merced en la cara. De rodillas arrancó con la muleta para sacar al toro hacia afuera. Había en el toro movilidad y franqueza, sobre todo, por el derecho. Ahí fue cuando, ya mediada la faena, se apretó en una tanda muy reunida que a la postre sería lo mejor y único. Toreando por bajo concluyó antes de que la espada quedase desprendida. El público se desgañitó pidiendo un trofeo que nunca llegó pero que lo consoló en una lenta y jaleada vuelta al ruedo.
El primero siempre se quiso ir. Desde el capote salió suelto, mirando a las tablas cuando las tenia cerca, y los chiqueros cuando se alejaba galope va. Este era muy corto de manos, con cuello y la cara en su sitio. El Fandi entró en el tercio de quites por chicuelinas aprovechando la inercia cuando pasaba el toro queriéndose marchar aunque con un galope con buen son. Contra pronóstico, solo invitó a Escribano a parear. Estuvo torero y lidiador Padilla con él que dejó lo mejor en los doblones por abajo, sometiendo y fijando al toro. Solo veía muleta. Se quedó en el centro del anillo para empezar a desarrollar sus virtudes como fue el recorrido con calidad. Tuvo profundidad también por el izquierdo donde, además, tuvo la fijeza que no encontró en los primeros tercios. El toro explotó todas sus cualidades aunque siempre Padilla lo tapó la salida de forma magistral. Tardó en doblar el animal y hubo de necesitar un efectivo golpe de descabello. Hubo petición pero sin la aclamación de las ya citadas.
Tuvo la corrida otros tres capítulos de menor lucimiento. El segundo fue un toro con mucho ímpetu pero sin apenas entrega. La movilidad fue en tono defensivo, arrollando más que queriéndola tomar con franqueza. Hubo riesgo en tres ceñidas largas cambiadas e incluso la tercera midiendo un segundo que se hizo eterno. No tuvo material Manuel Escribano que sorteó en primer lugar un toro que soltaba la cara con mucha violencia y un sexto que se rajó en cuanto se sintió podido en dos tandas de mucho sometimiento.
En las dos ocasiones se fue a la puerta de chiqueros para recibir a su lote. Hubo frialdad, sobre todo, en la del sexto que apenas levantó alguna palma de un público que tenía la mente ya en el viaje de vuelta. Un par al quiebro en las mismas tablas en el tercero emocionó. A este le encontró la distancia para que no le tocara las telas a su rubricada embestida. Un mérito dada su condición. En el sexto ejecutó la arriesgada suerte de la calafia. Este se movía con clase pero le costaba un mundo. Así fue cuando después de un puñado de buenos multados, echó la persiana y se rajó.
Antes de que el sexto fuera camino del desolladero, los tendidos se habían desalojado con prisa. Volvían a poner rumbo a la Feria para contar a los que se habían quedado en las sillas de enea que Padilla es el ídolo de Sevilla, que El Fandi había toreado muy despacio con una cornada y que el pobre Escribano no tuvo suerte pero que estuvo muy bien en banderillas. También se acordaron de la racanería de la Dama de Hierro. Y de los tres toros de Jandilla que animaron la tarde.
Crónica publicada en Mundotoro. 03.05.2017.
El cuarto y el quinto fueron el cenit de una corrida bien presentada y seria de Jandilla. Toda la corrida corta de manos, preciosa de hechuras y con las caras que aportaban más seriedad aún al conjunto. Como virtud, la corrida tuvo movilidad -excepto el rajado sexto-, la clase y la fijeza. El cuarto desbordaba cada embestida desde el capote de Padilla, mientras que el que correspondió a El Fandi tuvo ritmo y profundidad. Hubo otro toro con cualidades, el primero, que quiso aunque tuvo el defecto de querer irse, pero cuando fue lo hizo con infinita calidad y recorrido. No tuvo la fortuna de que ninguno cayera en sus manos Manuel Escribano que tuvo que lidiar con los toros de menos puntuación.
El eje argumental de la corrida fue el tercio de banderillas. Una corrida habitual durante décadas con un público muy amplio que se vio hoy representado. Volvieron a compartir y a competir en un reñido duelo entre los especialistas del escalafón. Se vieron un gran carrusel de suertes: de poder a poder, dentro a fuera, el quiebro, la moviola, el violín o la calafia.
El Fandi se apretó con el quinto cuando en el primer muletazo de rodillas, esperando al toro en los medios, recibió una cornada en el muslo derecho a la altura de la rodilla. El toro se le cruzó y por astifino, le hizo presa con solo rozarle. El de Jandilla era acapachado y serio por delante y bien hecho pero con trapío por detrás. Ilusionó en el primer tercio por su embestida de infinita calidad, buen tranco, abriéndose y yéndose lejos en cada capotazo templado del granadino. Toreó bien con la capa con una media tras el quite de corte superior. En banderillas, galopó lo que dio un aire especial al buen par a la moviola que clavó con precisión de cirujano. Había que llevarlo muy toreado, por eso llegó el percance y por eso se volvió a colar en el siguiente cite de largo. Fandi tomó la media distancia donde el toro obedeció humillando, desplazándose muy largo también por el pitón izquierdo donde toreó muy encajado y con temple. Bravo y encantado fue el de la estrella. En el tramo final, las tandas se sucedieron más cortas pero efectistas. Puso al toro mirando a las tablas para ejecutar la suerte de recibir pero la espada quedó caída. A eso se agarró el palco para no conceder un primer trofeo que, como dice el reglamento, otorga el público. Después de la vuelta al ruedo y la consiguiente bronca, pasó a la enfermería para ser operado de la cornada..
Tampoco atendió al público la exigente Anabel en el cuarto. Padilla es ídolo en Sevilla y lo sabe. Se fue a la puerta de chiqueros para recibir a 'Caudillo' y no fue una sino hasta cuatro las largas de rodillas que recetó el jerezano. Como una revolución, fue hacia el toro para enjaretar una tras otra entre el desparrame general. También fue serio el colorado con el pial de Vegahermosa, enseñando las puntas, pero de buenas hechuras como lo fue toda la corrida. Embistió con clase en un exigente primer tercio en el que El Fandi quitó por lopecinas, mientras que El Pirata rescató los faroles invertidos que por infrecuentes en la lidia actual resultan incluso agradables. Compartió banderillas, esta vez, con Fandila que bordó la moviola. No se quedó atrás Padilla que aguantó como un jabato como le midió antes de clavar al violín y quedar a merced en la cara. De rodillas arrancó con la muleta para sacar al toro hacia afuera. Había en el toro movilidad y franqueza, sobre todo, por el derecho. Ahí fue cuando, ya mediada la faena, se apretó en una tanda muy reunida que a la postre sería lo mejor y único. Toreando por bajo concluyó antes de que la espada quedase desprendida. El público se desgañitó pidiendo un trofeo que nunca llegó pero que lo consoló en una lenta y jaleada vuelta al ruedo.
El primero siempre se quiso ir. Desde el capote salió suelto, mirando a las tablas cuando las tenia cerca, y los chiqueros cuando se alejaba galope va. Este era muy corto de manos, con cuello y la cara en su sitio. El Fandi entró en el tercio de quites por chicuelinas aprovechando la inercia cuando pasaba el toro queriéndose marchar aunque con un galope con buen son. Contra pronóstico, solo invitó a Escribano a parear. Estuvo torero y lidiador Padilla con él que dejó lo mejor en los doblones por abajo, sometiendo y fijando al toro. Solo veía muleta. Se quedó en el centro del anillo para empezar a desarrollar sus virtudes como fue el recorrido con calidad. Tuvo profundidad también por el izquierdo donde, además, tuvo la fijeza que no encontró en los primeros tercios. El toro explotó todas sus cualidades aunque siempre Padilla lo tapó la salida de forma magistral. Tardó en doblar el animal y hubo de necesitar un efectivo golpe de descabello. Hubo petición pero sin la aclamación de las ya citadas.
Tuvo la corrida otros tres capítulos de menor lucimiento. El segundo fue un toro con mucho ímpetu pero sin apenas entrega. La movilidad fue en tono defensivo, arrollando más que queriéndola tomar con franqueza. Hubo riesgo en tres ceñidas largas cambiadas e incluso la tercera midiendo un segundo que se hizo eterno. No tuvo material Manuel Escribano que sorteó en primer lugar un toro que soltaba la cara con mucha violencia y un sexto que se rajó en cuanto se sintió podido en dos tandas de mucho sometimiento.
En las dos ocasiones se fue a la puerta de chiqueros para recibir a su lote. Hubo frialdad, sobre todo, en la del sexto que apenas levantó alguna palma de un público que tenía la mente ya en el viaje de vuelta. Un par al quiebro en las mismas tablas en el tercero emocionó. A este le encontró la distancia para que no le tocara las telas a su rubricada embestida. Un mérito dada su condición. En el sexto ejecutó la arriesgada suerte de la calafia. Este se movía con clase pero le costaba un mundo. Así fue cuando después de un puñado de buenos multados, echó la persiana y se rajó.
Antes de que el sexto fuera camino del desolladero, los tendidos se habían desalojado con prisa. Volvían a poner rumbo a la Feria para contar a los que se habían quedado en las sillas de enea que Padilla es el ídolo de Sevilla, que El Fandi había toreado muy despacio con una cornada y que el pobre Escribano no tuvo suerte pero que estuvo muy bien en banderillas. También se acordaron de la racanería de la Dama de Hierro. Y de los tres toros de Jandilla que animaron la tarde.
Crónica publicada en Mundotoro. 03.05.2017.
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Sevilla
'El Juli grande... en Bilbao'
No arreció esa lluvia gorda y fría que cae en Sevilla por abril desde un minuto antes de que Navarro diese el golpe firme al cerrojo que da por inaugurado un nuevo festejo. Las gotas seguían cayendo cuando con pasmosa lentitud con el capote y con un talento y profundidad de privilegiado, El Juli dictó cátedra en Sevilla. Bueno, podríamos decir que el discurso fue en Bilbao. Como el tendido, que se coloreó de chubasqueros made in Bilbao. Y de Bilbao, una corrida grande. Grande para cualquier plaza que elija el toro que no se pide en Sevilla. Por coherencia y a escala, si tres o cuatro toros que se lidiaron son aptos en la Maestranza, resultaría que el gigantismo se adueña del toreo.
Más basto que hondo, más gordo que fuerte, el lote de Justo Hernández hizo perder por unos instantes la identidad a una plaza con un toro tan identificable. Los dos primeros, grandes aunque bajos no secundaron a los siguientes que fueron creciendo, también, en alzada y en un pobre juego que arruinó las esperanzas de un público que colgó un 'No hay Billetes' que siempre hay que celebrar. Superaron los 630 kilos los de Domingo Hernández, apenas llegaron a los 550 los del hierro de Garcigrande. Curioso.
El quinto fue el único que se movió con alegría en los primeros tercios. La tarde pesaba a todos menos a El Juli que toreó sin velocidad alguna a 'Estrella' con el capote. Con una mano en la bragueta y con la que torea a un palmo del suelo. Más despacio y más abajo, imposible. La media, abrochada a la cintura, tuvo un empaque solemne. Apenas lo castigó en el caballo, con Barroso levantando la vara aún con el toro apretando. Rodilla en tierra, ya con la muleta, El Juli lo obligó para sacarlo a los medios donde desarrolló toda una faena de altas cotas técnicas y artísticas.
Si la primera tanda sirvió para calibrar al toro, desde la segunda El Juli comenzó a mandar en la embestida. El toro no ofreció una embestida igual que la anterior, de ahí su dificultad, pero apenas lo dejó ver el madrileño que bajó la mano en varias tandas de mucha reunión. Después un tiempo para atacar con un cambio de mano en el que le quitó la muleta de la cara, los pitones pasaron por los muslos y apenas corrigió un ápice sus zapatillas. Enorme. Dejó un espadazo acorde a la faena pero el toro se amorcilló y no quiso caer. Un golpe magistral con el verduguillo no restó para cortar una oreja de una dimensión colosal.
Ya había toreado bien al segundo también con el capote pero este iba sin ir. El quite por chicuelinas y unas julinas de profundidad infinita fueron replicadas por un Talavante con la suerte en contra. El Juli lo llevó siempre toreado, consentido en las telas pero sin rozarlas a pesar de que siempre se venía por dentro sobre el derecho. El mero toque de un pitón con la muleta supondría un violento tornillazo en su descompuesta embestida que fue a más. Esta vez no entró la espada a la primera.
Morante y Talavante se miraron desesperados. Cuatro toros que no guardaban ni media embestida dentro de su abrupto cuerpo. Con el cielo cárdeno, el chirimiri y una mole de 637 kilos, Morante tuvo que mirar a los arcos de la Maestranza para comprobar que seguía en Sevilla. Al primero, bajo y con mucha carne, lo lanceó muy despacio con el capote a pesar de que siempre lo buscaba por dentro. También intentó abrirle caminos a base de suavidad pero si no hay, para qué. La historia del cuarto fue como la del 'Día de la Marmota'. Sin oportunidad con el capote, lo toreó sobre las dos manos para descubrir si se había olvidado de alguna embestida. Sevilla le espera el martes.
Talavante comenzó a torear en redondo en los medios sin perder un ápice de tiempo al zancudo y astifino tercero. Vertical, ligado, reunido. El toro se fue yendo mientras el público se ausentaba de la faena. Con el sexto fue imposible. Una masa de carne pasando con la fuerza de seiscientos y pico kilos moviéndose hacia ninguna parte. Lo mejor que pudo hacer fue no alargar en demasía con el trabajo de los operarios del desolladero.
Seguía lloviendo con guasa cuando, uno a uno, salía por chiqueros una montaña rusa que deslegitima de un plumazo con el mapa de coherencia del toreo. Sevilla es Sevilla. Y el toro de Sevilla... otra cosa.
Crónica publicada en Mundotoro. 27.04.2017
Más basto que hondo, más gordo que fuerte, el lote de Justo Hernández hizo perder por unos instantes la identidad a una plaza con un toro tan identificable. Los dos primeros, grandes aunque bajos no secundaron a los siguientes que fueron creciendo, también, en alzada y en un pobre juego que arruinó las esperanzas de un público que colgó un 'No hay Billetes' que siempre hay que celebrar. Superaron los 630 kilos los de Domingo Hernández, apenas llegaron a los 550 los del hierro de Garcigrande. Curioso.
El quinto fue el único que se movió con alegría en los primeros tercios. La tarde pesaba a todos menos a El Juli que toreó sin velocidad alguna a 'Estrella' con el capote. Con una mano en la bragueta y con la que torea a un palmo del suelo. Más despacio y más abajo, imposible. La media, abrochada a la cintura, tuvo un empaque solemne. Apenas lo castigó en el caballo, con Barroso levantando la vara aún con el toro apretando. Rodilla en tierra, ya con la muleta, El Juli lo obligó para sacarlo a los medios donde desarrolló toda una faena de altas cotas técnicas y artísticas.
Si la primera tanda sirvió para calibrar al toro, desde la segunda El Juli comenzó a mandar en la embestida. El toro no ofreció una embestida igual que la anterior, de ahí su dificultad, pero apenas lo dejó ver el madrileño que bajó la mano en varias tandas de mucha reunión. Después un tiempo para atacar con un cambio de mano en el que le quitó la muleta de la cara, los pitones pasaron por los muslos y apenas corrigió un ápice sus zapatillas. Enorme. Dejó un espadazo acorde a la faena pero el toro se amorcilló y no quiso caer. Un golpe magistral con el verduguillo no restó para cortar una oreja de una dimensión colosal.
Ya había toreado bien al segundo también con el capote pero este iba sin ir. El quite por chicuelinas y unas julinas de profundidad infinita fueron replicadas por un Talavante con la suerte en contra. El Juli lo llevó siempre toreado, consentido en las telas pero sin rozarlas a pesar de que siempre se venía por dentro sobre el derecho. El mero toque de un pitón con la muleta supondría un violento tornillazo en su descompuesta embestida que fue a más. Esta vez no entró la espada a la primera.
Morante y Talavante se miraron desesperados. Cuatro toros que no guardaban ni media embestida dentro de su abrupto cuerpo. Con el cielo cárdeno, el chirimiri y una mole de 637 kilos, Morante tuvo que mirar a los arcos de la Maestranza para comprobar que seguía en Sevilla. Al primero, bajo y con mucha carne, lo lanceó muy despacio con el capote a pesar de que siempre lo buscaba por dentro. También intentó abrirle caminos a base de suavidad pero si no hay, para qué. La historia del cuarto fue como la del 'Día de la Marmota'. Sin oportunidad con el capote, lo toreó sobre las dos manos para descubrir si se había olvidado de alguna embestida. Sevilla le espera el martes.
Talavante comenzó a torear en redondo en los medios sin perder un ápice de tiempo al zancudo y astifino tercero. Vertical, ligado, reunido. El toro se fue yendo mientras el público se ausentaba de la faena. Con el sexto fue imposible. Una masa de carne pasando con la fuerza de seiscientos y pico kilos moviéndose hacia ninguna parte. Lo mejor que pudo hacer fue no alargar en demasía con el trabajo de los operarios del desolladero.
Seguía lloviendo con guasa cuando, uno a uno, salía por chiqueros una montaña rusa que deslegitima de un plumazo con el mapa de coherencia del toreo. Sevilla es Sevilla. Y el toro de Sevilla... otra cosa.
Crónica publicada en Mundotoro. 27.04.2017
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martes, 20 de diciembre de 2016
España 2016: a la espera del cambio
De Olivenza a Zaragoza -con el preludio emotivo de Vistalegre- pasó la temporada 16 de la nueva era. El cambio de siglo trajo consigo permutas tanto estructurales como de modas en la sociedad que conforme avanza ya la segunda década del segundo milenio lo confirma. Un nuevo rumbo que se convierte en tendencia tan volátil, tan rápido como se esfuma un tweet de tu TL. La tauromaquia se daba abrazos de oso cuando a finales del siglo pasado vivía muy por encima de sus posibilidades. Ya con la cruda realidad delante, la neopolítica se ha encargado en este 2016 de perpetrar todo lo que se propuso pero no consiguió el pasado año por falta de tiempo tras las elecciones municipales.
Con un caldo de cultivo propicio para que los cambios también llegaran al mundo del toro, la temporada arrancó con un emotivo mano a mano en Vistalegre entre dos 'debutantes', David Mora y Fortes que volvían a doctorarse después de superar el trance más amargo de sus vidas. Ajalvir y Valdemorillo ya habían matado el gusanillo del aficionado, mientras que los tentaderos públicos confirmaban un nuevo devenir de los antiguos festivales -qué recuerdos...- donde se daban cita toreros de distintas épocas. Ahí quedó el ejemplo de Talavera de la Reina, una pueblo histórico para el toreo que se tuvo que exiliar a una portatil durante la feria de septiembre pero que en enero llenó los tendidos como hacía años que no se veía. Claro que el cartel con Paco Ojeda, Juan Mora, Víctor Mendes y Joselito era de peregrinación.
Olivenza mantuvo el caché. El rabo que cortó Roca Rey junto con la extraordinaria dimensión de un aún novillero Ginés Marín sentaron las bases que se confirmaron en Castellón y Valencia. En la ciudad de La Plana se enfrentaron los 'emergentes' López Simón y Roca Rey para después en Fallas batirse en duelo con las figuras Juli y Talavante. El año estaba marcado por esta tendencia: figuras y jóvenes en los carteles. Mientras que el peruano arrolló en su duelo con un inspirado 'Tala', El Juli marcó su territorio frente al torero de Barajas. También empezaron a sonar con fuerza nombres como José Garrido, Juan del Álamo, Roca Rey o Cayetano, mientras que la gran manifestación del 13M dejó a Rafaelillo y a Paco Ureña en un lugar privilegiado.
Madrid y Sevilla abrieron sus temporadas en la Pascua, tiempo simbólico también en lo taurino. Mientras que en la capital Curro Díaz volvía a descerrojar la Puerta Grande, en la Maestranza por Resurrección Morante cuajaba un faenón rematada con tres avisos. Precisamente Sevilla será la baluarte, por fin, donde el genio de La Puebla firmaría una de sus obras cumbres en su último cartucho. Por fin, Morante y Sevilla se fundieron en un mismo ser. Mientras, la única Puerta del Príncipe fue para Padilla y a un paso la dejaron Manzanares y López Simón. Resonaron más nombres en ese cante de 'veteranos y noveles': El Juli, Ponce, Pepe Moral, Javier Jiménez, El Cid, Joselito Adame, Garrido... Y la grandiosa tarde de los 'victorinos' con el indulto de Cobradiezmos por parte de Manuel Escribano y la faena de confirmación de Ureña.
Y en Santa Justa, el primer AVE que partió a Madrid dejó las Puertas Grandes de Roca Rey, David Mora, Manzanares, López Simón y los rejoneadores Andy, Galán y Leonardo en dos ocasiones en San Isidro. Un mes completo de toros que dejaron en la palestra, además, toreros como Talavante, Ponce, Juli, Castella, Rafaelillo o Paco Ureña que estuvo a punto de dar un golpe... pero la espada se llevó un buen puñado de orejas. La cúlmen llegó el día de Beneficencia donde Manzanares se encontró con Dalia, de Victoriano del Río, para presenciar uno de los momentos más emotivos y emocionantes de los últimos años.
La vorágine de Las Ventas en mayo tejió entre sus telas momentos importantes como el mano a mano en Aranjuez entre Morante y El Juli o la vuelta de José Tomás en Jerez en el primer capítulo de su fugaz temporada donde López Simón indultó a 'Tonteras', de Zalduendo. La temporada del de Galapagar trascurrió desde la capital del fino hasta Alicante, Huelva, San Sebastián y el doble compromiso en Valladolid con un balance de 15 orejas a la espera de saber si en 2017 afrontará ese paso adelante que muchos reclaman.
Así, después de las Ferias de San Juan llegó el verano que estuvo copado por la cornada mortal a Víctor Barrio en Teruel que puso de luto al toreo. Un verano gris, enmascarado por una tragedia que persiguió cada plaza, cada torero que se vistió de luces y cada aficionado que pasó por taquilla. La dureza del toreo también se vio reflejada en la gravísima cornada que sufrió Manuel Escribano en Alicante y que aún le mantiene en el dique seco o el sangriento verano en Las Ventas con casi una decena de percances a novilleros que buscaron su penúltima oportunidad donde el novillo es más serio y la exigencia, más alta.
Mientras en Vitoria se daba el cerrojazo a la plaza, consumando la enésima traición al toreo, agosto fluía entre El Puerto, la Huelva de JT, o una esperanzada Pontevedra que sigue queriendo ser el baluarte de Galicia. A pesar de la buena salud de Gijón, la siempre animosa Huesca o el maratón del 15 de agosto y sus correlativos, el verano marcó el cierre de infinidad de pueblos con tradición social pero traicionados administrativamente. Aunque se mantuvieron las cifras en plazas de primera y segunda, la sangría se notó en los cosos más humildes.
Así, Bilbao dejó las Puerta Grandes de Diego Urdiales y José Garrido o la brillante actuación de Enrique Ponce antes de adentrarnos en un septiembre pródigo en festejos donde, por fin, los novilleros pudieron sumar un buen puñado de contratos tras una primera parte central del año desolador para el escalafón menor. Villaseca, Algemesí, Arganda, Arnedo... dejaron bien posicionados a Luis David Adame, Pablo Aguado, Manolo Vanegas o Leo Valadez.
Roca Rey tuvo que cortar la temporada el primer día del noveno mes y Valladolid fue el epicentro del toreo en el homenaje a Víctor Barrio en una feria que contó por dos veces con José Tomás. También reapareció Luis Francisco Esplá en Arles que se sumó a las vueltas por un día de Ortega Cano en Benidorm, Cristina Sánchez en Cuenca o el incombustible Soro en Valencia. También Salamanca y Albacete lanzaron respectivamente a Juan del Álamo -indulto incluído- y a un recuperable Rubén Pinar además de los triunfos de Manzanares, Ponce, Juli, Perera o Talavante.
2016 cerró un ciclo. Con Las Ventas para el tándem Casas-Nautalia, los eslabones del toreo cambian. Así se notó en Sevilla con Javier Jiménez dejándose la piel, importantes obras de Castella y Manzanares o en Zaragoza donde se recuerdan faenas de Morante, Padilla, Ponce, Talavante o la regularidad en la estadística de López Simón. Así bajó el telón con la esperanza de que 2017 consolide un cambio... ¿o no?
Publicado en Mundotoro el 20.12.2016
Con un caldo de cultivo propicio para que los cambios también llegaran al mundo del toro, la temporada arrancó con un emotivo mano a mano en Vistalegre entre dos 'debutantes', David Mora y Fortes que volvían a doctorarse después de superar el trance más amargo de sus vidas. Ajalvir y Valdemorillo ya habían matado el gusanillo del aficionado, mientras que los tentaderos públicos confirmaban un nuevo devenir de los antiguos festivales -qué recuerdos...- donde se daban cita toreros de distintas épocas. Ahí quedó el ejemplo de Talavera de la Reina, una pueblo histórico para el toreo que se tuvo que exiliar a una portatil durante la feria de septiembre pero que en enero llenó los tendidos como hacía años que no se veía. Claro que el cartel con Paco Ojeda, Juan Mora, Víctor Mendes y Joselito era de peregrinación.
Olivenza mantuvo el caché. El rabo que cortó Roca Rey junto con la extraordinaria dimensión de un aún novillero Ginés Marín sentaron las bases que se confirmaron en Castellón y Valencia. En la ciudad de La Plana se enfrentaron los 'emergentes' López Simón y Roca Rey para después en Fallas batirse en duelo con las figuras Juli y Talavante. El año estaba marcado por esta tendencia: figuras y jóvenes en los carteles. Mientras que el peruano arrolló en su duelo con un inspirado 'Tala', El Juli marcó su territorio frente al torero de Barajas. También empezaron a sonar con fuerza nombres como José Garrido, Juan del Álamo, Roca Rey o Cayetano, mientras que la gran manifestación del 13M dejó a Rafaelillo y a Paco Ureña en un lugar privilegiado.
Madrid y Sevilla abrieron sus temporadas en la Pascua, tiempo simbólico también en lo taurino. Mientras que en la capital Curro Díaz volvía a descerrojar la Puerta Grande, en la Maestranza por Resurrección Morante cuajaba un faenón rematada con tres avisos. Precisamente Sevilla será la baluarte, por fin, donde el genio de La Puebla firmaría una de sus obras cumbres en su último cartucho. Por fin, Morante y Sevilla se fundieron en un mismo ser. Mientras, la única Puerta del Príncipe fue para Padilla y a un paso la dejaron Manzanares y López Simón. Resonaron más nombres en ese cante de 'veteranos y noveles': El Juli, Ponce, Pepe Moral, Javier Jiménez, El Cid, Joselito Adame, Garrido... Y la grandiosa tarde de los 'victorinos' con el indulto de Cobradiezmos por parte de Manuel Escribano y la faena de confirmación de Ureña.
Y en Santa Justa, el primer AVE que partió a Madrid dejó las Puertas Grandes de Roca Rey, David Mora, Manzanares, López Simón y los rejoneadores Andy, Galán y Leonardo en dos ocasiones en San Isidro. Un mes completo de toros que dejaron en la palestra, además, toreros como Talavante, Ponce, Juli, Castella, Rafaelillo o Paco Ureña que estuvo a punto de dar un golpe... pero la espada se llevó un buen puñado de orejas. La cúlmen llegó el día de Beneficencia donde Manzanares se encontró con Dalia, de Victoriano del Río, para presenciar uno de los momentos más emotivos y emocionantes de los últimos años.
La vorágine de Las Ventas en mayo tejió entre sus telas momentos importantes como el mano a mano en Aranjuez entre Morante y El Juli o la vuelta de José Tomás en Jerez en el primer capítulo de su fugaz temporada donde López Simón indultó a 'Tonteras', de Zalduendo. La temporada del de Galapagar trascurrió desde la capital del fino hasta Alicante, Huelva, San Sebastián y el doble compromiso en Valladolid con un balance de 15 orejas a la espera de saber si en 2017 afrontará ese paso adelante que muchos reclaman.
Así, después de las Ferias de San Juan llegó el verano que estuvo copado por la cornada mortal a Víctor Barrio en Teruel que puso de luto al toreo. Un verano gris, enmascarado por una tragedia que persiguió cada plaza, cada torero que se vistió de luces y cada aficionado que pasó por taquilla. La dureza del toreo también se vio reflejada en la gravísima cornada que sufrió Manuel Escribano en Alicante y que aún le mantiene en el dique seco o el sangriento verano en Las Ventas con casi una decena de percances a novilleros que buscaron su penúltima oportunidad donde el novillo es más serio y la exigencia, más alta.
Mientras en Vitoria se daba el cerrojazo a la plaza, consumando la enésima traición al toreo, agosto fluía entre El Puerto, la Huelva de JT, o una esperanzada Pontevedra que sigue queriendo ser el baluarte de Galicia. A pesar de la buena salud de Gijón, la siempre animosa Huesca o el maratón del 15 de agosto y sus correlativos, el verano marcó el cierre de infinidad de pueblos con tradición social pero traicionados administrativamente. Aunque se mantuvieron las cifras en plazas de primera y segunda, la sangría se notó en los cosos más humildes.
Así, Bilbao dejó las Puerta Grandes de Diego Urdiales y José Garrido o la brillante actuación de Enrique Ponce antes de adentrarnos en un septiembre pródigo en festejos donde, por fin, los novilleros pudieron sumar un buen puñado de contratos tras una primera parte central del año desolador para el escalafón menor. Villaseca, Algemesí, Arganda, Arnedo... dejaron bien posicionados a Luis David Adame, Pablo Aguado, Manolo Vanegas o Leo Valadez.
Roca Rey tuvo que cortar la temporada el primer día del noveno mes y Valladolid fue el epicentro del toreo en el homenaje a Víctor Barrio en una feria que contó por dos veces con José Tomás. También reapareció Luis Francisco Esplá en Arles que se sumó a las vueltas por un día de Ortega Cano en Benidorm, Cristina Sánchez en Cuenca o el incombustible Soro en Valencia. También Salamanca y Albacete lanzaron respectivamente a Juan del Álamo -indulto incluído- y a un recuperable Rubén Pinar además de los triunfos de Manzanares, Ponce, Juli, Perera o Talavante.
2016 cerró un ciclo. Con Las Ventas para el tándem Casas-Nautalia, los eslabones del toreo cambian. Así se notó en Sevilla con Javier Jiménez dejándose la piel, importantes obras de Castella y Manzanares o en Zaragoza donde se recuerdan faenas de Morante, Padilla, Ponce, Talavante o la regularidad en la estadística de López Simón. Así bajó el telón con la esperanza de que 2017 consolide un cambio... ¿o no?
Publicado en Mundotoro el 20.12.2016
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viernes, 16 de diciembre de 2016
'Larga vida, Cobradiezmos'
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| Detalle de la embestida del gran toro 'Cobradiezmos' |
'Eso fue en Sevilla, enamorada por un toro de hechuras diseñadas para la armonía, cárdeno, mirada de hombre bravo, bajo de agujas, manos breves, estrecho de sienes, pitones vueltos. Toro que sueñan todas las vacas en duermevela de parto. Embistiendo como enamorado y fiel y leal a los vuelos de la muleta de Escribano'. La crónica de aquel 13 de abril relató con cuidadoso detalle una efeméride inolvidable. 'Escribano se fue a la cueva de chiqueros por donde salió un toro limpio, como sacado de un cuento donde él era el príncipe. Guapo de piropo'.
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| Cobradiezmos, fijo en la muleta de Escribano |
La papeleta de Escribano fue mostrar cada una de las excelsas virtudes que tenía nuestro protagonista. Tan difícil como enseñarlas era no caer en su trampa. Su bravura y profundidad en cada embestida podía dejar en evidencia a un torero sin sitio. Pero inteligentemente, el sitio del sevillano fueron los medios. 'Porque la faena de Escribano, sincera como el toro, fue de mano apasionadamente baja, vuelos por debajo de la pala del pitón, cinco y seis muletazos, pitón derecho e izquierdo, siempre en los medios. La vida hay que vivirla en los medios'.
Siempre a más. Puro y gallardo. Sevilla sonaba entera al mismo compás. Los pañuelos batían como el vuelo de paloma blanca inmaculada mientras que el hocico de Cobradiezmos araba el brillante albero que llega de Alcalá de los Panaderos -el de Guadaíra-.
Casi tantas agallas como en el ruedo hay que tenerlas en el palco. También criterio, pero un extra de valor para tomar una decisión histórica. El indulto fue el más unánime que se recuerda. Crítica, aficionados y público loaron las virtudes de Cobradiezmos. Pañuelo naranja. Sí, fue una de las noticias taurinas del año pero su repercusión va mucho más allá. El premio de la vida a la bravura en su máximo esplendor debe convertirse en un símbolo.
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| Así volvió el toro de Victorino a los corrales de la Maestranza |
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miércoles, 9 de enero de 2013
La vida sigue igual
Año 13. La cima de la
crisis. El nuevo año arranca con un invierno clave sobre el papel para enderezar
un rumbo que hace tiempo parece perdido. Y digo sobre el papel porque los
primeros movimientos de despachos apenas diferencian algo el desastroso 2012.
La reducción de festejos
volverá a ser brutal, hasta la
todopoderosa Sevilla nos quita dos festejos. La capital Hispalense no sale a
concurso, no tiene esos temidos pliegos de los que se quejan tanto los
empresarios pero… Tienen unos maestrantes que poco o nada les preocupa la
deriva que lleva una de las plazas claves en el toreo.
La temporada arranca en
Valdemorillo, cara y cruz para los que tienen la suerte de anunciarse a la
puerta de Madrid. Una de cal, Juan Pedro, y otra de arena, Victorino. O al
revés. En la cubierta reaparecerá Fernando Cruz, que hace apenas 5 meses miró a
los ojos a la muerte. “Toma chaval, la de Victorino para que vuelvas a torear”,
debieron decirle como si le estuvieran haciendo el favor de su vida.
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| Hondo derechazo de Fernando Cruz en Madrid |
En cambio, otra cornada
valió a Padilla darse varias vueltas a España entre el clamor y el
reconocimiento del respetable. Un gran ejemplo de casta y superación, porque
cualquier otro mortal hubiera dado por terminada su trayectoria. Pero seguro
que Fernando Cruz no torea la Beneficencia en un cartel de campanillas o que su
toreo no recorrerá las grandes ferias. Su lucha volverá a ser la del día a día,
por lo menos que su toreo se vea reflejado en sumar contratos.
Padilla, Morante y,
posiblemente, Castella (en caso de no llegar a un acuerdo sería Talavante) matarán la de Valdefresno en la Beneficencia madrileña.
Nada menos que en enero se conoce el cartel de uno de las tardes más
importantes del año en Las Ventas. Una incoherencia que evita que las novedades
(Iba a decir jóvenes, pero el tiempo da un poso que sienta bien al torero) se
abran hueco y puedan competir con las figuras. Años hubo en que ese cartel se
reservó a los triunfadores de San Isidro, pero nadie se arriesga a que Diego
Urdiales, por poner un ejemplo, de un zambombazo que le ponga en el lugar que
tiene que ocupar.
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| Diego Urdiales y un Victorino en Bilbao |
Como tampoco le pondrá en
figura la actuación rotunda que ofreció en la pasada feria de Bilbao. En
Castellón y Valencia comprobaremos si su cotización que ha ganado en el ruedo
ha subido o se confirma que es imposible subirse al tren en marcha. Pase lo que
pase, la memoria es fuerte para recordar el agosto de Urdiales en la Semana
Grande. Pero hay más nombres, ahí están los Aguilares, Sergio y Alberto.
Gestos y gestas coparán el
año de la exclusividad. El Juli pasará por Olivenza como matador y ganadero y
volverá a América hasta mayo o junio; Manzanares se anunciará en 20 tardes, una
de ellas con 6 toros en Sevilla y doblará en Madrid; Alejandro Talavante
también se encerrará en solitario con una de Victorino; el nobel Jiménez Fortes
ha lanzado un órgano a la Casa de Misericordia de Pamplona para estoquear
también como único espada la de Fuente Ymbro; y El Cid y Daniel Luque han
pedido los Victorinos que serán lidiados en el albero sevillano en abril.
Acabamos de empezar el año y
ya se han abierto las bazas con las que jugarán los toreros en la temporada
2013. La crisis se acentuará más este año, se notará tanto en el campo como en
la plaza. El invierno no servirá para encontrar esa solución que deberían de
estar buscando todos los sectores implicados en el toreo. Dicen que la Comisión
que preside Gómez Angulo han presentado de una vez el informe al Ministerio de
Cultura, del que ahora dependemos y nada se ha conseguido, la Mesa del Toro no
aparece ni para recaudar, todavía no hay una asociación que una realmente los
diferentes estamentos taurinos. En fin, como cantaría Julio Iglesias, “La vida
sigue igual”.
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sábado, 21 de abril de 2012
La mejor cuadrilla de la historia
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| Foto: Arjona |
A 15 o 20 metros del toro,
qué más da. Estaba Curro Javier dando la pausa necesaria en el tercio para que
Barroso saliera hacia la puerta de caballos. Esperó un instante más, como
dándole tiempo para que bajara del caballo y no se perdiera lo que estaba a
punto de suceder.
Ni un zapatazo, ni un tirón,
solo un “Jeeeeeee” a mucha distancia para llamar la atención del toro. Se
arranca y a la par comienza a correr hacia atrás tanto como haga falta para que
de un capotazo, a la altura del albero, dejarle colocado. Pero a la hora de
darle esa caricia hay que pararse, sacar la mano que torea y acompasar con la
que sujeta. Y castigándolo, por bajo, enseñándole el camino. Y rápidamente
salir del plano para que no se encele.
Ahí es cuando se queda solo
frente al banderillero, frente a Juan José Trujillo. Dejándose ver. Ofreciendo
su cuerpo, su vida. El toro ya está con él. Pendiente de lo que haga y Trujillo
lo cita. En los medios espera a que se arranque, la máxima pureza y el máximo
riesgo. Cuerpo a cuerpo va a encontrarse con el toro, a mitad de camino. De
poder a poder. Para clavar y quedarse cuadrado entre los pitones, con el
corazón por delante. El mismo que le partieron a Montoliú. Y sale andando hacia
las tablas, sin buscar el lucimiento, solo con el objetivo de ir a por su
capote para seguir facilitando la labor de su matador. ¡Hasta Luis Blázquez lo
hace bonito! El mejor tercero del momento.
Rompen las palmas, suenan
los clarines mientras la banda del maestro Tejera toca en pasodoble para honrar
la belleza de ese momento, un momento histórico. Curro Javier ni se inmuta.
Vuelve a citar para cerrar al toro en el burladero y de una revolera suelta el
capote para torearlo a una mano, para no darle un capotazo de más. Sublime. La
Maestranza en pie y la cuadrilla entera saludando una atronadora ovación.
Tras la triunfal vuelta al
ruedo, tanto Curro Javier, como Juan José Trujillo y Luis Blázquez tuvieron que
desmonterarse y saludar desde los medios de la plaza. Un momento histórico para
una cuadrilla que pasará a la historia. ¡Qué bonito es el segundo tercio!
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viernes, 24 de febrero de 2012
Sevilla envuelta en la polémica
Ni están todos los que son,
ni son todos los que están. Y algunos hasta tres veces en una feria de dos semanas,
imaginación al poder. Con Talavante, El Cid, Luque y Castella puedes montarte
una feria, o todas. Siempre tenemos a los mismos y nadie puede osar a
arrebatarles el puesto, no vaya a triunfar Antonio Nazaré y echar a otros que
llevan años pasando sin pena ni gloria, o que directamente no se le conoce
triunfo alguno en el albero sevillano.
Preferia reúne muchos
alicientes para el aficionado. La doble presencia de Antonio Nazaré (¡Ojo!) con
la de Fuente Ymbro y Montealto, la corrida de Cuadri con Antonio Barrera,
Javier Castaño y Alberto Aguilar o la del viernes 19 con toros de El
Ventorrillo para Diego Urdiales, Iván Fandiño y Jiménez Fortes. Mejor tratados
han sido la dupla Mora-Fandiño, que copará el interés del abono abrileño con el
mano a mano con los de Victorino.
Del resto, entre figuras y
mediáticos copan todos los puestos repitiendo casi los mismos carteles sin más
alicientes. Las figuras no cometen ni un riesgo que les hagan perder su pódium.
Morante estará presente en la justa despedida de El Fundi y en la alternativa
de López Simón, donde el padrino será Manzanares. Ahí va la clave del abono.
Las ausencias son de lo más
variadas. Desde los castigados Perera y Cesar Jiménez, el selectivo descanso de abril y mayo de Ponce, hasta la injusticia más
grande jamás contada, Curro Díaz y El Juli. Uno por casi quedarse inválido en
abril y rozar la gloria en San Miguel y el otro por entretenerse en cortar diez
orejas en dos temporadas consecutivas. Pero también se echan de menos a los mexicanos Saldivar y
Juan Pablo Sánchez, o los madrileño Fernando Robleño o Miguel Abellán, que reapareció sin dientes
después de la terrible cornada en Madrid. Perfectamente podrían haber
evitado el doblete de El Fandi, o los mediáticos del clavel. Un año más, ¡Qué suplicio!
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martes, 14 de febrero de 2012
El Juli ante la adversidad
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| Foto: Arjona |
Ser independiente siempre ha
salido caro en el mundo del toro. Ir de por libre nunca ha estado bien visto,
no se les puede manejar con la misma facilidad. Más cuando han querido defender
los derechos de sus compañeros atados a las imposiciones monopolísticas. Y ya
si les tocan el bolsillo a los que contratan ni les cuento.
Un poco de todo ha pasado
con El Juli, y lo pagará caro. Lo pagará viendo desde la televisión la feria de
Fallas, aquella que conquistó el año Ponce, o que defendió el orgullo el pasado
San José. Tampoco pisará la Comunidad Valenciana en Castellón, como sus
compañeros tan “solidarios”. Es más, once orejas en dos años en la Maestranza
de Sevilla tampoco son méritos para estar presente en el abono del baratillo en
loor de jefe de Estado.
Está por encima el rencor de
encabezar el movimiento revolucionario que, aunque no estemos de acuerdo, es
necesario para adecuar la fiesta a nuestro tiempo. Pero las grandes empresas se
olvidan de los otros que también están en el G, pero al ser sus poderdantes no
quieren quitarlos de sus plazas. Juli se siente solo, defraudado, sin entender
el por qué de esta situación. Ha pagado el pato junto a Perera, y sin olvidar a
Cesar Jiménez. Para que tomen nota los modestos y ni se les ocurra unirse a la
revolución, no vaya a ser que se queden en el banquillo. Así no vamos a ningún
lado. El poder del toreo está en los toreros, no en los empresarios. No se puede,
ni se debe ir contra natura, contra el público y la afición.
Se dice por ahí que Morante
no torearía en Sevilla si Juli no es contratado, ¿Es posible una Feria de abril
sin Morante? Cambien esa pregunta por Julián López y debería sonar igual de
descabellado. Cuando un torero así falte en el escalafón, lo echaremos de
menos. No se irá, y aunque no le dejen, reventará la temporada. No es bueno que
saquen a la fiera, porque puede dejar retratado a más de uno.
martes, 3 de enero de 2012
Por el buen camino
Con el nuevo año, se terminaron los resúmenes de una temporada 2011 que ya queda muy lejana. Hay que empezar a mirar lo que a partir del próximo mes nos deparará el 2012. Valdemorillo, y antes Ajalvir, darán el tradicional pistoletazo de salida al curso taurino. Entre tanta mala noticia, por fin se han comenzado a hacer las cosas bien. Les cuento. Dar la lista de ganaderías de las grandes ferias. Así es como tienen que hacerse las cosas y que, excepto Pamplona y Bilbao, casi se nos había olvidado.Primero fue Pamplona. De las ocho ganaderías, dos puestos estaban ya cantados con la repetición de la triunfadora, Fuente Ymbro, y la mención a toro más bravo con El Pilar. Cinco puestos restantes, con la novedad de Juan Pedro Domecq y Torrehandilla y Torreherberos, veremos quién está detrás de esta gran sorpresa. Repiten Victoriano del Río, Cebada Gago, Miura y Dolores Aguirre.
Bilbao ha dado un conjunto de ganaderías de las que saldrán las titulares. Entre ellas, nombres que llaman la atención como Juan Luis Fraile, Adelaida Rodríguez, Victorino, Tajo y La Reina, Fuente Ymbro, Alcurrucén, La Quinta, Torrestrella, El Ventorrillo acompañado por Garcigrande, Cuvillo, Jandilla o Juan Pedro.
También se apunta al corte torista Castellón, que ha dado nombres como Victorino, Cuadri, Fuente Ymbro, Miura y una novillada interesantísima de El Parralejo.
Madrid y Sevilla comparten Cuvillo, Juan Pedro, pero también Cuadri, Victorino, Fuente Ymbro, Conde de la Maza… Mucha variedad, con nombres como José Escolar, El Cortijillo, Peñajara, Bañuelos. Siempre aderezados con los Manolo González, Martelilla and company…
La tendencia va cambiando, se quieren hacer las cosas con buen gusto. Luego saldrá como quiera porque ya se sabe eso de que el toro lo descompone. El monoencaste se quiere superar, pero siempre será mayoría porque esa es la tendencia que hay en el campo. Sobre el papel, tenemos una temporada muy animada para el aficionado y crucial en la sociedad. La emoción debe volver al ruedo, que los aficionados volvamos a recobrar la ilusión por un espectáculo íntegro. Suerte y al toro.
Feliz 2012.
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